¿Dignidad familiar o rebelión azul? El portazo de Rafael Loera que desata la guerra civil en el PAN por la alcaldía de Chihuahua

Si en el sexto piso del Edificio Héroes de la Revolución pensaron que la salida de Rafael Loera de la Secretaría de Desarrollo Humano y Bien Común pasaría como un aburrido trámite de entrega-recepción, es que de plano viven en otra dimensión política. Lo que se vivió esta semana no fue un relevo administrativo; fue un choque de alta tensión, lleno de caras largas, chispas en los pasillos y el inconfundible aroma a traición y guerra interna. En Palacio, el «amor» político dura menos que una promesa de campaña: un día eres el consentido y al siguiente te enseñan la puerta trasera.

La estrepitosa salida de Loera ocurre tras una serie de desgastes y tensiones familiares que terminaron pesando mucho más que cualquier fría estrategia de poder. Al final del día, el ahora exsecretario demostró que la familia vale más que la política de pacotilla, abandonando el ring con el aplauso de su equipo, aunque el golpe de nocaut haya venido directamente de su propia esquina en Palacio.

Pero si en la cúpula oficial creyeron que con este golpe lo dejaban fuera de combate, se equivocaron de cabo a rabo. Loera se fue de la secretaría, pero no de la contienda: ha dejado claro que va con todo por la candidatura del PAN a la Presidencia Municipal de Chihuahua… con o sin la bendición de la gobernadora.

Con esta declaración de guerra, Loera se une al club de los «desterrados con aspiraciones», compartiendo el mismo destino que el exfiscal César Jáuregui. Ambos personajes hoy caminan por la libre buscando la alcaldía de la capital, completamente huérfanos del respaldo oficial. Y es que en los pasillos del Congreso estatal el secreto a voces es casi un insulto para los panistas tradicionales: las simpatías y recursos de Palacio estarían cargados a favor de Santiago de la Peña, un Secretario General de Gobierno que, para los de «sangre azul», todavía trae la camiseta del PRI tan bien planchada que el olor a tricolor nomás no se le quita.

Ante la imposición centralista, dentro del propio panismo de cepa ya se cocina una idea que suena a locura, pero que tiene temblando a más de uno: una mancuerna de acero entre Rafael Loera y César Jáuregui para la alcaldía. Aunque para la cúpula del poder esta mancuerna suene a disparate de despechados, en las calles de Chihuahua se perfila como una fórmula absolutamente imparable. El único dilema en esta rebelión de los «despreciados» es definir quién encabezará la planilla y quién ocupará la suplencia. La moneda está en el aire: Palacio quiere imponer su carta tricolor, pero la base azul está lista para demostrar que en Chihuahua el orgullo y la dignidad familiar todavía se respetan.

Siga el pulso y el análisis más crudo de la guerra por el poder a través de las señales de Radio Distrito 7.

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