Del cuadrilátero a las jícaras: la historia de Epifanio ‘Pifas’ Leyva
Durante la época dorada del pugilismo en México, Epifanio ‘Pifas’ Leyva optó por un rumbo totalmente inesperado al cambiar los guantes de box por la tradición milenaria del pulque, tras quedar cautivado por la manera en que se preparaba esta icónica bebida tradicional mexicana.
Originario de la colonia Santa María La Ribera en la Ciudad de México, el exdeportista —que compartió época con figuras como Juan Zurita y Arturo ‘El Mulato’ Zuñiga— descubrió su afición por el pugilismo de manera casual al ingresar a la prevocacional del Instituto Politécnico Nacional.
“Ahí entré a estudiar, y había un gimnasio. Me llamó la atención, me metí y aprendí (boxeo)”, compartió Epifanio en una entrevista con el canal de YouTube Stunner Inc., donde también recordó que su paso por los torneos incluyó representar al Politécnico durante tres años en los Guantes de Oro.
No obstante, el propio fundador reconoció que carecía de la disciplina estricta que exigía la disciplina. Su rutina combinaba los entrenamientos con la vida nocturna, una dinámica que, de manera indirecta, lo encaminó hacia el mundo de las pulquerías tradicionales que solía frecuentar junto a sus colegas tras los combates.
“Todos los compañeros de este tiempo íbamos a meternos a las pulquerías a tomar. Una de las pulquerías estaba cerca del gimnasio, se llamaba La Rosita, y ahí íbamos”, relató ‘Pifas’ en otra entrevista con el canal de YouTube de Ian David Hernández. Fue precisamente en ese establecimiento donde observó el proceso de elaboración y aprendió los secretos de los curados, logrando incluso laborar temporalmente en el lugar.
El nacimiento y auge de La Hija de los Apaches
Con la experiencia acumulada y una gran pasión por la llamada ‘bebida de los dioses’, en la década de los 70 se le presentó la oportunidad de adquirir un local que operaba desde los años treinta, aunque para ese entonces se encontraba cerrado al público. El exboxeador asumió el reto, rehabilitó el espacio y levantó la cortina de lo que hoy se conoce como La Hija de los Apaches.
El éxito fue rotundo en una época donde el consumo de esta bebida gozaba de gran popularidad. Según registros de entrevistas otorgadas a Notimex, en su etapa de mayor apogeo el negocio llegó a comercializar 15 barriles de 250 litros diarios.
El sitio se consolidó como punto de reunión para la comunidad boxística y público general. Además, la creatividad de su fundador impulsó una gran variedad de sabores originales para los curados, bautizándolos con temáticas de la cultura popular del momento.
“Se me ocurrió hacer curados fuera de lo normal. Por decir, en ese tiempo había una película que se llamaba El bueno, el malo y el feo. Yo le puse a los barriles así y a las personas le gustó. Cada que había un suceso, yo inventaba un curado”, explicó el recordado comerciante.
Un legado familiar que se mantiene vivo
Las hijas de Epifanio se involucraron en la operación del establecimiento desde su juventud, colaborando en las labores cotidianas del negocio junto a su padre. Tras el fallecimiento del exboxeador en septiembre de 2021, la continuidad de la pulquería pendía de un hilo, pero la determinación familiar prevaleció.
“Cuando mi papá falleció, yo não pensé seguir en esto, pero una de mis hermanas dijo: ‘A ver, mi papá toda su vida trabajó para sus hijos y, si mi papá les está dejando esto, lo que tienen que hacer es seguir’. Y pues aquí estamos”, declaró Hermelinda Leyva en un testimonio compartido por la Secretaría de Turismo de la Ciudad de México.
Actualmente, la familia mantiene en pie la tradición con dos direcciones ubicadas en la alcaldía Cuauhtémoc:
- Balderas 44: Balderas 44, colonia Centro, Cuauhtémoc.
- Claudio Bernard: Claudio Bernard 149, colonia Doctores, Cuauhtémoc.


