El dilema de representar el pasado en la gran pantalla
Determinar qué producción cinematográfica ha retratado con mayor fidelidad los acontecimientos pretéritos representa un desafío constante para la crítica especializada. Con el propósito de resolver este interrogante, el diario francés Le Figaro consultó a un grupo selecto de 85 especialistas, integrado por académicos, investigadores, editores y directores de publicaciones especializadas, para conocer sus cinco largometrajes históricos favoritos que abarcasen desde la Antigüedad hasta el siglo XX.
La consulta no estableció un criterio único sobre lo que constituye el rigor histórico. Mientras que algunos expertos priorizaron la precisión en la ambientación, el vestuario y los diálogos, otros valoraron con mayor peso el impacto emocional o las cualidades estéticas y formales de cada propuesta audiovisual.
Las tendencias y el consenso de los expertos
En total, el ejercicio recopiló 183 títulos diferentes. Las obras situadas en el siglo XX acapararon la atención de los votantes, destacándose aquellas enfocadas en la Primera y la Segunda Guerra Mundial, con una fuerte presencia de realizaciones estrenadas entre las décadas de 1960 y 1980.
El listado final reflejó una cuidada selección cinéfila en la que convivieron propuestas como El nombre de la rosa y la versión de Napoleón dirigida por Abel Gance —ambas empatadas en el octavo puesto— junto a referentes absolutos del género como La batalla de Argel de Gillo Pontecorvo y Pelotón de Oliver Stone. Sin embargo, los cinco primeros puestos concentraron el mayor respaldo de los académicos.
Los puestos del cuarto al quinto: de las guerras de religión al declive siciliano
El quinto peldaño fue asignado a Queen Margot (1994), dirigida por Patrice Chéreau. Esta ambiciosa recreación de los conflictos religiosos del siglo XVI en Francia requirió cinco años de trabajo y nueve versiones de guion junto a Danièle Thompson para adaptar la novela de Alexandre Dumas. Inspirado en la pintura de Goya y Francis Bacon, Chéreau buscó reflejar una atmósfera lúgubre y violenta. El propio director calificó su trabajo como un filme de una «brutalidad y un salvajismo muy inmediatos» que conectó con la tensión de los conflictos contemporáneos de los años noventa.
Por su parte, el cuarto lugar recayó en El gatopardo (1963) de Luchino Visconti, que obtuvo 12 menciones. Protagonizada por Burt Lancaster, Alain Delon y Claudia Cardinale, la cinta examina la decadencia de la aristocracia siciliana durante la unificación italiana. Entre sus admiradores más notables se encuentra Martin Scorsese, quien destacó la magnificencia visual del formato y la complejidad narrativa de la obra: «Todo está concebido para hacernos medir y asimilar en profundidad el paso del tiempo, mientras el filme culmina en una secuencia de baile de casi una hora de duración donde se percibe, a través de la mirada del príncipe Salina, la desaparición irreversible de todo un estilo de vida».
El podio: épica en el desierto, resistencia clandestina y el siglo XVIII de Kubrick
La tercera posición, con 18 preferencias, quedó en manos de Lawrence de Arabia (1962). La monumental producción dirigida por David Lean no solo catapultó la carrera de Peter O’Toole, sino que dejó una huella profunda en cineastas de generaciones posteriores, como Steven Spielberg. Galardonada con siete premios Óscar, la película sobresalió por la partitura musical compuesta por Maurice Jarre y la cinematografía de Freddie Young.
El segundo peldaño general, con 19 votos, distinguió a El ejército de las sombras (1969), dirigida por Jean-Pierre Melville. El realizador, que formó parte de la Francia Libre durante la Segunda Guerra Mundial, demoró décadas en adaptar al cine la novela homónima de Joseph Kessel. El resultado es un retrato sobrio sobre los dilemas morales de la clandestinidad frente a la ocupación nazi, estelarizado por figuras como Lino Ventura y Simone Signoret.
Finalmente, la cumbre del listado fue otorgada a Barry Lyndon (1975). Con 20 votos, la inmersión en el siglo XVIII dirigida por Stanley Kubrick se alzó como la máxima exponente del cine histórico según el panel de historiadores.
Para llevar a cabo esta adaptación de la novela de William Thackeray, Kubrick implementó un despliegue técnico sin precedentes, utilizando lentes Zeiss originalmente diseñadas para la NASA con el propósito de rodar secuencias completas empleando únicamente la iluminación natural de las velas.
Más allá del reconocimiento unánime por parte de la crítica y la academia, la obra mantiene una valoración sumamente positiva por parte de los espectadores contemporáneos, registrando un 92% de aprobación de la audiencia en la plataforma Rotten Tomatoes.


