
Desde la frontera se escuchan dos discursos después de cada elección estadounidense: el de la cooperación, que se pronuncia desde los gobiernos, y el de la cautela, que aparece cuando toca hacer cuentas. El triunfo del demócrata Xavier Becerra como próximo gobernador de California abrió ese doble escenario para Baja California: por un lado, la expectativa de fortalecer los vínculos institucionales; por otro, las dudas sobre el rumbo que tomarán el comercio, la migración y la relación con Washington.
La gobernadora Marina del Pilar Ávila Olmeda se apresuró a tender puentes. Durante su conferencia de prensa de este miércoles, sostuvo que mantendrá una comunicación permanente con la nueva administración californiana y defendió la necesidad de trabajar con respeto, coordinación y objetivos compartidos. «Tenemos muchos intereses en común», afirmó, al referirse a las comunidades que viven, trabajan y cruzan diariamente entre ambos lados de la frontera.
El mensaje fue de continuidad institucional, pero el relevo en California llega con una definición política que no pasa inadvertida. Becerra hizo de la resistencia a las políticas de Donald Trump uno de los ejes de su campaña y ha planteado que el estado debe actuar como contrapeso frente a las decisiones de la Casa Blanca, particularmente en materia migratoria. Su trayectoria como fiscal general, desde donde defendió las leyes santuario de California ante el gobierno federal, anticipa que esa diferencia podría trasladarse también a la relación entre autoridades estatales y federales.
Para Baja California, sin embargo, la política no termina en los discursos. Las cámaras empresariales y los sectores vinculados a la exportación mantienen una expectativa prudente ante las posibles decisiones fiscales y regulatorias de la nueva administración.
El costo de vida, la vivienda y los precios de la energía fueron asuntos centrales de la campaña californiana; ahora, la preocupación del sector productivo fronterizo es que las medidas para atenderlos no terminen encareciendo operaciones o complicando la dinámica de manufactura y comercio que sostiene a la región Cali-Baja.
En esa agenda también está la infraestructura. Proyectos como la garita Otay II requieren coordinación e inversión de ambos lados, por lo que el empresariado espera que el cambio de gobierno no retrase los compromisos necesarios para ampliar la capacidad de cruce. La frontera necesita menos obstáculos y más carriles; cualquier demora en la logística se traduce en tiempo y dinero para quienes dependen del intercambio diario entre California y Baja California.
Así, mientras Marina del Pilar habla de respeto y comunicación, los sectores fronterizos miran más allá del saludo entre gobiernos: observan qué decisiones vendrán después. Becerra llega con el respaldo de una campaña que prometió plantar cara a Trump, pero también con la responsabilidad de gobernar una economía estrechamente conectada con México.
En esta frontera, donde la política puede cambiar de tono de un lado a otro, la cooperación no se mide únicamente en declaraciones, sino en que las diferencias no terminen convirtiéndose en filas más largas, trámites más costosos o puentes que se quedan a medio construir.


