Cuando se discute acerca del estado de la tecnología en las aulas, la atención suele centrarse de inmediato en la disponibilidad de redes de telecomunicación. No obstante, un análisis detallado del panorama educativo en el territorio mexicano revela una deficiencia mucho más profunda y previa: una gran cantidad de instituciones académicas de nivel básico operan cotidianamente sin siquiera disponer de equipos de cómputo para el alumnado y los docentes.
Un rezago estructural que abarca múltiples carencias
De acuerdo con las estadísticas difundidas recientemente por el Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO), basadas en el informe oficial titulado Principales Cifras del Sistema Educativo Nacional 2025-2026 elaborado por la Secretaría de Educación Pública (SEP), la situación de infraestructura presenta porcentajes alarmantes. El estudio documenta que el 57% de las escuelas públicas no cuenta con acceso a internet, mientras que el 56% carece por completo de computadoras. A esto se suma que un 19% de los planteles tampoco dispone de servicio de agua potable, evidenciando múltiples capas de rezago.
Al profundizar en los datos porcentuales exactos proporcionados por el sistema educativo, se advierte que únicamente el 43.9% de las escuelas públicas de educación básica cuenta con computadoras y apenas el 42.7% posee conectividad a la red. Esto se traduce en que el 56.1% de los centros educativos no tiene equipos informáticos y el 57.3% padece la ausencia de internet. Estas proporciones demuestran que, aunque ambos problemas comparten dimensiones similares, no afectan necesariamente a los mismos establecimientos de forma simultánea.
Cabe destacar que en estas mediciones oficiales se excluyen explícitamente los niveles de educación inicial y las modalidades de cursos comunitarios gestionados por el Conafe debido a sus particularidades operativas. Asimismo, las estadísticas reflejan la situación general de los edificios escolares y no el porcentaje individual de alumnos que estudian bajo estas limitaciones tecnológicas.
Servicios básicos e inclusión en desventaja
La falta de herramientas informáticas no es el único desafío que enfrentan los centros de enseñanza. En lo referente a los servicios de saneamiento, el informe gubernamental apunta que el 81.4% de los planteles públicos de educación básica cuenta con agua potable, lo que deja a un 18.6% sin este recurso fundamental. Por otra parte, la accesibilidad para personas con discapacidad sigue siendo una asignatura pendiente, ya que solamente el 24.8% de las escuelas reporta contar con infraestructura adaptada para este sector de la población estudiantil.
El teléfono móvil como recurso de última instancia
Ante la imposibilidad de acceder a herramientas digitales dentro de los recintos escolares, el teléfono inteligente se ha convertido en el eje central de las actividades académicas de millones de niños y jóvenes. Investigaciones elaboradas por organizaciones especializadas como México Evalúa indican que casi ocho de cada diez estudiantes de entre seis y 17 años utilizan el celular para cumplir con sus obligaciones escolares. Si bien un porcentaje similar de menores emplea internet para realizar sus tareas, la gran mayoría debe hacerlo fuera de las aulas, puesto que solo uno de cada tres logra conectarse dentro de su escuela.
El análisis advierte además que, en un total de 13.1 millones de hogares mexicanos, el teléfono móvil representa la única tecnología disponible para el aprendizaje. Por este motivo, diversos especialistas sugieren que cualquier política pública orientada a regular o restringir el uso de dispositivos electrónicos en los centros educativos debe contemplar minuciosamente estas profundas desigualdades materiales, garantizando alternativas viables para aquellos alumnos que dependen enteramente de sus teléfonos celulares para estudiar.
Asimismo, los expertos coinciden en que la mera distribución de equipos o la instalación de redes de datos no resulta suficiente para transformar el rendimiento académico. Es imperativo acompañar cualquier iniciativa de conectividad con programas sólidos de alfabetización digital y capacitación continua para el magisterio, cerrando así la brecha que existe entre la mera tenencia de dispositivos y su aprovechamiento pedagógico real.
Nuevos presupuestos y programas oficiales
Para hacer frente a estas problemáticas, la administración federal ha implementado estrategias presupuestarias a través de esquemas de apoyo directo. La Secretaría de Educación Pública informó que el programa La Escuela es Nuestra brindó asistencia durante el año pasado a 68,011 escuelas de educación básica, y proyecta ampliar su cobertura para atender a otras 75,000 instituciones durante 2026 mediante la asignación de un presupuesto histórico de 26,000 millones de pesos, priorizando aquellas zonas que registran mayores niveles de marginación y vulnerabilidad social.


