Bioceres busca un respiro en el Nasdaq y solicita un plazo extra para evitar su exclusión bursátil

Una prórroga para ganar tiempo frente al fantasma del deslistado

La compañía biotecnológica argentina Bioceres Crop Solutions se encuentra a la espera de recibir una prórroga de 180 días por parte del mercado tecnológico estadounidense Nasdaq. Esta medida le permitiría recuperar el valor mínimo de cotización fijado en US$1 por acción y esquivar así la amenaza de ser retirada del panel principal, según revelaron fuentes cercanas a la operación que optaron por el anonimato debido a la confidencialidad de las gestiones.

El vencimiento inicial del plazo previsto para cumplir con la normativa bursátil se fijó para el 14 de septiembre. De concederse, este balón de oxígeno financiero le otorgaría margen de maniobra a la firma, reconocida internacionalmente por sus desarrollos en trigo y soja transgénica con tecnología HB4 tolerante a la sequía, mientras enfoca sus esfuerzos en solucionar el frente judicial que ha deprimido fuertemente la cotización de sus títulos.

Ante la consulta de medios especializados, desde el Nasdaq prefirieron no emitir comentarios sobre la solicitud en curso. No obstante, los protocolos habituales de la plaza estadounidense contemplan la concesión de estos plazos adicionales siempre que las corporaciones acrediten el cumplimiento de los restantes criterios de cotización, presenten un plan formal de regularización y las perspectivas de recuperación se consideren viables.

Los títulos de la compañía, que operan bajo el ticker BIOX, acumulan varios meses cotizando por debajo del umbral regulatorio. Para revertir esta situación de incumplimiento, la acción necesita cerrar a US$1 o más durante al menos 10 ruedas consecutivas, una meta que no alcanza desde hace medio año. Recientemente, el papel se negociaba en torno a los US$0,42, menos de la mitad del mínimo exigido por los reguladores norteamericanos.

A pesar del escenario adverso, la cúpula directiva de la empresa mantiene la confianza en superar el escollo bursátil, apoyándose principalmente en la estrategia diseñada para destrabar el litigio legal que precipitó la caída de su valor en los mercados.

El dilema del reagrupamiento accionario y un sector en la cuerda floja

En el escenario de que la empresa no logre sostener el precio mínimo requerido tras cumplirse el nuevo periodo de gracia, una de las alternativas técnicas a disposición sería implementar un reverse split. Esta maniobra consiste en agrupar los títulos existentes —por ejemplo, fusionando diez papeles en uno solo— para elevar artificialmente la cotización unitaria sin alterar la capitalización bursátil global de la entidad.

Sin embargo, los analistas financieros suelen interpretar este movimiento con cautela, considerándolo un recurso meramente estético para maquillar tendencias bajistas. Asimismo, advierten que si los problemas estructurales de la compañía persisten, la cotización corre el riesgo de volver a perforar la barrera de US$1.

Este recurso ya ha sido utilizado por otras firmas del sector, como Moolec Science —vinculada al empresario uruguayo Juan Sartori—, la cual recurrió a este mecanismo en dos ocasiones distintas para eludir la expulsión del Nasdaq.

La situación de Bioceres no es un caso aislado dentro del parqué estadounidense. Con datos actualizados a mediados de septiembre, unas 303 de las 3.361 acciones comunes que operan en el índice principal, equivalente al 9% del total, se encontraban cotizando por debajo de la línea de flotación de un dólar.

A las dificultades operativas del mercado se suman frentes internos complejos. La sociedad Jasper Lake Ventures encabeza el grupo de acreedores demandantes en Nueva York y, al mismo tiempo, se posiciona como el principal inversor individual de la biotecnológica al controlar el 13,72% del capital social, mientras que su filial local Bioceres S.A. fue declarada en quiebra en los tribunales de Rosario meses atrás.

Litigios pendientes y un contexto financiero desafiante

El origen de la disputa legal que golpea a la compañía se remonta a una operación corporativa concretada en 2022, cuando Bioceres adquirió la firma estadounidense de insumos agrícolas Marrone Bio Innovations, posteriormente rebautizada como Pro Farm. Para solventar dicha transacción, la entidad emitió un endeudamiento por US$55 millones respaldado por casi la totalidad de los activos de la filial norteamericana en calidad de garantía.

Ante la falta de pagos, los tenedores de esos instrumentos de deuda iniciaron acciones legales. En junio, la Corte Suprema del Estado de Nueva York falló reconociendo el incumplimiento de las obligaciones por parte de la empresa argentina y validando el reclamo de los acreedores. Actualmente, resta definir el monto definitivo de la compensación económica y determinar la validez de una subasta de ejecución donde los demandantes se hicieron con el control de Pro Farm por US$15 millones, un valor muy inferior a los US$194 millones registrados en libros, lo que derivó en una pérdida contable cercana a los US$179 millones.

Más allá del frente judicial, la compañía arrastra un panorama macroeconómico interno condicionado por un nivel de endeudamiento elevado, contracción en los márgenes de rentabilidad y una facturación disminuida, enmarcado todo ello en un proceso de reorganización corporativa.

En su último reporte financiero trimestral, la firma reportó ingresos por US$39,4 millones —lo que representa una retracción interanual del 23%—, junto a una pérdida neta de US$10 millones, pasivos financieros totales por US$228,8 millones y una posición de caja sumamente ajustada de apenas US$14,4 millones.

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