En las últimas semanas, el hecho más relevante en los mercados financieros internacionales ha sido el alza significativa de las tasas de interés. El rendimiento del bono gubernamental a 10 años del gobierno de Estados Unidos ha aumentado en 75 puntos básicos (un 18%) en los últimos 6 meses. Por su parte, el del bono a 30 años se ubica en 5.25%, su nivel más alto en los últimos 20 años.
Los aumentos en estos rendimientos se han trasladado a los bonos de larga duración en otros países. El rendimiento de los bonos gubernamentales japoneses está en alrededor de 3%, su nivel más alto desde 1996, mientras que el de los bonos a 30 años del Reino Unido está en niveles no vistos desde 1998. Esto, desde luego, también afecta a México: el rendimiento de los bonos gubernamentales a 10 años ha aumentado en alrededor de medio punto porcentual en los últimos 6 meses. Vale la pena comentar que estos aumentos no reflejan un incremento en la percepción de riesgo de México. De hecho, el diferencial de tasas entre nuestro país y Estados Unidos se ha cerrado, reflejando una menor percepción de riesgo. El Credit Default Swap también ha disminuido.
Estos incrementos tienen efectos profundos en la economía global. Encarecen fuertemente el servicio de la deuda que tienen que realizar los gobiernos, encarecen el crédito a las empresas, lo cual puede afectar negativamente las decisiones de inversión y encarecen los créditos de largo plazo a las familias, en particular los créditos hipotecarios.
¿Qué explica estos aumentos en las tasas de largo plazo? Hay varios factores en juego. Primero, el temor de los mercados ante la trayectoria creciente de la deuda pública estadounidense y la percepción de que no existe consenso político para llevar a cabo las acciones necesarias para poner a la deuda en una trayectoria sostenible.
Segundo, los temores ante ataques a la independencia de la Reserva Federal. No hay que olvidar que el gobierno federal intentó armar una causa penal contra el anterior presidente de la institución y actual miembro de la Junta de Gobernadores Jay Powell, así como destituir a Lisa Cook, otra miembro de la Junta. La percepción es que una Fed menos independiente podría bajar la guardia en la lucha contra la inflación. Por ello los inversionistas demandan más rendimiento en el largo plazo.
Tercero, el hecho de que el conflicto en Irán se haya prolongado mucho más de lo esperado ha traído aumentos en los precios internacionales del petróleo y, por tanto, la perspectiva de mayores presiones inflacionarias, que llevarían a los bancos centrales de las economías avanzadas a aumentar las tasas de interés. Y finalmente, el enorme boom de inversión en inteligencia artificial juega un papel: las grandes empresas tecnológicas están financiando esa inversión con emisión de deuda. Esto significa que salen a competir con el gobierno por los mismos recursos, aunque a estas empresas se les considera de muy bajo riesgo.
Ante estos hechos, el Tesoro de Estados Unidos ha implementado algunas medidas intentando contrarrestar estos aumentos en las tasas largas. Primero, ha implementado un programa de recompra de bonos de largo plazo, emitiendo bonos de corto plazo. Esto no resuelve el problema de fondo, pues no reduce la deuda gubernamental de Estados Unidos, además de que las compras constituyen un monto minúsculo frente al tamaño del problema. Además, ha buscado fortalecer al yen, de forma que Japón tenga menos necesidad de vender bonos del Tesoro estadounidense para comprar yenes y así apuntalar su moneda. Esto tampoco resuelve el problema de fondo: si los inversionistas y bancos centrales del mundo tienen cuestionamientos acerca de la trayectoria fiscal de Estados Unidos, venderán bonos del Tesoro aunque Japón no lo haga.
Si Estados Unidos quiere lograr una reducción estructural en las tasas de largo plazo, debe implementar cambios fiscales que aseguren la sostenibilidad de la deuda. Para ello debe reducir el déficit fiscal aumentando la recaudación, reduciendo el gasto, o una combinación de ambas. Esto también lo tendrán que hacer las economías avanzadas, ya que mantienen déficits fiscales muy grandes que hay que reducir. Además, en el caso particular de los Estados Unidos se deberían suspender los ataques a la Fed y las presiones para que baje las tasas. Para lograr menores niveles de tasas no hay camino fácil: hay que fortalecer los fundamentales macroeconómicos. En ese sentido, México ha actuado de forma correcta con el proceso de consolidación fiscal que ha implementado esta administración, y que debería continuar hacia adelante. Esto lo veremos cuando se dé a conocer el paquete fiscal para 2027 el próximo martes.


