Radiografía de las medidas económicas de Luis Caputo: aplausos en el exterior y duros cuestionamientos fabriles
El programa financiero impulsado por el equipo de gobierno de Javier Milei transita por un escenario de marcada dualidad, caracterizado por un sólido respaldo de la esfera global y fuertes reparos por parte del entramado productivo interno. En un lapso de setenta y dos horas, el ministro de Economía experimentó en carne propia esta disparidad de criterios respecto a un plan que busca consolidar transformaciones estructurales profundas en el país.
Los logros macroeconómicos y las cifras del programa
En el transcurso de menos de tres años, la estrategia diseñada por el titular del Palacio de Hacienda consiguió descender la inflación desde un 211% hasta el 33% interanual, al tiempo que la pobreza retrocedió del 41,7% al 28,2%. Asimismo, el esquema financiero logró recomponer los activos del Banco Central, recortar el gasto público en un 30% en términos reales y suprimir cinco puntos del producto de déficit fiscal junto a otros diez puntos de déficit cuasifiscal, logrando que el riesgo país pasara de 1.923 a 500 puntos básicos.
Para el año 2026, la administración proyecta culminar su tercer periodo consecutivo con superávit en las cuentas estatales —un fenómeno inédito en las últimas dos décadas— y proyecta exportaciones superiores a los US$100.000 millones. No obstante, el rigor del ajuste y la apertura comercial han dejado rezagados a ciertos rubros que todavía no logran equiparar su operatividad previa a la llegada del actual oficialismo. El sector manufacturero representa un claro ejemplo de esta situación: según estimaciones de la Unión Industrial Argentina (UIA), el volumen productivo se encuentra todavía un 10% por debajo de los registros de 2022 y la actividad acumula una destrucción de 90.000 empleos formales.
El respaldo internacional en Estados Unidos
El responsable de la economía nacional inició su agenda oficial en la localidad estadounidense de Asheville, donde intervino en el cónclave de ministros de Finanzas y directores de Bancos Centrales. En dicho foro, cosechó valoraciones favorables por parte de la directora gerente del FMI, Kristalina Georgieva, el secretario del Tesoro de los Estados Unidos, Scott Bessent, y el presidente del Banco Mundial, Ajay Banga.
De acuerdo con las declaraciones del propio funcionario, “fue tal vez el mejor G-20” al que le tocó asistir. En una entrevista concedida a medios locales, indicó que tanto el organismo multilateral como la administración de Donald Trump mantienen una perspectiva sumamente favorable sobre el país y “no preguntan” en torno a posibles incumplimientos o riesgos financieros.
“En Estados Unidos son mucho más optimistas, desde el Tesoro y el Fondo”, expresó, al tiempo que minimizó los temores sobre un potencial revés electoral de los republicanos en los comicios legislativos de medio término del próximo 3 de noviembre.
Frente a la volatilidad cambiaria, el ministro aseguró que la administración mantiene bajo su control una batería de herramientas financieras robustas. “Tenemos un poder de fuego que supera largamente la base monetaria”, subrayó, mencionando la disponibilidad de los acuerdos de intercambio de monedas con China y Estados Unidos, así como una posición neutral en el mercado de futuros.
La postura crítica del sector industrial local
El aval de la comunidad internacional contrastó de manera directa con los cuestionamientos formulados por dirigentes de la Unión Industrial Argentina durante la conmemoración del Día de la Industria, celebrada en un complejo fabril de la Provincia de Buenos Aires.
Durante el encuentro, el vicepresidente de la entidad, Guillermo Moretti, expresó fuertes reparos sin mencionar directamente al ministro: “Esta gente no conoce el país y no conoce lo que es la industria, no tiene idea. Estamos manejados por Rivadavia II. Estamos manejados por un endeudador, un trader que no sabe lo que es un torno”. En la misma línea, el presidente de la gremial empresaria, Martín Rappallini, solicitó a la administración central la construcción de un puente que amortigüe la brecha entre el modelo económico anterior y el esquema pretendido.
Ante estas advertencias, el jefe de la cartera económica defendió la vigencia de la apertura comercial y la hoja de ruta oficial. Si bien reconoció que la etapa de transición puede provocar inconvenientes transitorios en determinados rubros, argumentó que su deber principal consiste en “defender los intereses de los 48 millones de argentinos, no de algunos empresarios en particular”.


