Inversores en alerta: la brecha entre los bonos 2027 y 2028 expone la incertidumbre política en Argentina
Los mercados financieros locales comenzaron a mirar con cautela el horizonte del año 2027. A medida que se acerca el nuevo calendario electoral y algunas mediciones de opinión pública reflejan un panorama menos previsible para la gestión de Javier Milei —en contraste con el fuerte optimismo que marcó el ejercicio anterior—, los inversores volvieron a calcular los riesgos asociados al período posterior a los comicios presidenciales.
Una de las señales más claras de esta cautela se advierte en la estructura de la curva de títulos en moneda extranjera. La diferencia de rendimiento entre los papeles que expiran antes y después de las elecciones funciona como un barómetro de la prima que exige la plaza financiera para tolerar la exposición al riesgo político del próximo mandato. Específicamente, el diferencial entre el título AO27 y el AO28 se ensanchó de forma notable en los últimos meses, aunque diversos especialistas coinciden en que recientemente ha mostrado signos de estabilización.
El factor político detrás de los títulos AO27 y el AO28
Este comportamiento es monitoreado de cerca por Natalia Martin, analista de investigación en Portfolio Personal Inversiones (PPI). El bono AO27 tiene su fecha de extinción prevista para el 31 de octubre de 2027, mientras que el AO28 cumple su plazo exactamente doce meses después, el 31 de octubre de 2028.
De acuerdo con la especialista, en la actualidad el papel con vencimiento en 2027 opera con un retorno anual del 3,7%, al tiempo que la tasa interna de retorno (TIR) del instrumento que expira en 2028 trepa hasta el 9,3%. De este modo, la brecha de rendimientos se ubica en los 560 puntos básicos.
Para la experta de PPI, una porción sustancial de este spread responde a la sobretasa que los inversores demandan por adquirir un activo cuyo compromiso de pago se sitúa del otro lado de la contienda electoral. En este margen se reflejan las dudas persistentes sobre la identidad de la próxima administración, la viabilidad a largo plazo del plan económico vigente y la capacidad del Estado para sostener el equilibrio de las cuentas públicas y el fondeo externo tras el proceso electoral.
No obstante, la analista puntualiza que el bajo retorno del título corto también obedece a factores normativos. El instrumento puede cotizar en torno al 3,7%, e incluso por debajo de los rendimientos de los bonos del Tesoro estadounidense, debido al cepo cambiario y las restricciones vigentes, una distorsión que también se traslada a otras operaciones del mercado secundario.
Una tasa forward que escaló hasta la zona del 15%
Por su parte, Fernando Menéndez, especialista en renta fija soberana de Grupo Mariva, coincidió en que la brecha entre los papeles de 2027 y 2028 opera como un reflejo directo del riesgo político subsiguiente a las urnas.
Durante el transcurso de agosto, dicho indicador registró un salto significativo al pasar de aproximadamente un 12% a un 15%, zona en la cual logró estabilizarse durante las semanas siguientes.
El operador atribuye esta pausa a una cierta moderación en la tensión política, un repunte en los niveles de confianza hacia el oficialismo y algunos entendimientos logrados en el ámbito legislativo. Sin embargo, advierte que la tasa forward se mantiene en andariveles elevados.
Para que esta prima de riesgo inicie una compresión genuina y sostenida, Menéndez remarca que resultarán imprescindibles nuevas señales de gobernabilidad, la profundización de la desaceleración inflacionaria y avances concretos en la acumulación de reservas internacionales.
A estos elementos se le adscribe un factor externo fundamental: el eventual retorno del país a los mercados internacionales de crédito. Dado que el perfil de compromisos financieros para 2027 resulta sumamente exigente, una nueva colocación de deuda facilitaría considerablemente la cobertura de las necesidades financieras de ese período.
El impacto del contexto internacional sobre la deuda soberana
En tanto, Matías Fernández, integrante del equipo de estrategias en Aurum Valores, detectó otras anomalías de interés dentro del comportamiento de los títulos denominados en moneda dura.
El experto señaló que los bonos Bopreal no acompañaron las fluctuaciones al alza del riesgo país de la misma manera que el resto de los instrumentos soberanos, una dinámica que asocia con la discusión en torno a la modificación de la normativa fundamental del Banco Central.
Al contrastar instrumentos de vencimientos equiparables, como el Bopreal 2028 frente al AO28, emergen diferencias asociadas tanto a la naturaleza del emisor como al propio riesgo electoral que se le endilga a los compromisos del Estado. En el caso del cruce entre el AO27 y el AO28, se trata de obligaciones del mismo firmante pero separadas por un abismo en su tasa de retornos.
Para Fernández, este pronunciado diferencial responde tanto a la volatilidad inherente al año electoral como a las dificultades que exhibe el índice de riesgo país para perforar umbrales a la baja de forma consistente. A esto se añade un escenario financiero global desafiante, caracterizado por tasas de interés de largo plazo en economías desarrolladas ubicadas en máximos históricos, lo cual incrementa la presión sobre los activos argentinos independientemente de la coyuntura doméstica.


