A pesar de que el indicador oficial de precios registró una marcada desaceleración y se posicionó en su registro más reducido en el último año y medio, los analistas del sector financiero advierten que la actual coyuntura macroeconómica requiere un examen sumamente riguroso y prudente.
De acuerdo con un reciente relevamiento elaborado por Banco Comafi, la demanda de dinero continúa deprimida y la expansión de los agregados monetarios vigentes no hace más que convalidar una inercia inflacionaria difícil de erradicar a corto plazo.
El trasfondo monetario del índice de precios
El organismo estadístico oficial dio a conocer que el Índice de Precios al Consumidor (IPC) experimentó una variación mensual de 1,7% durante el octavo mes del año. Con este resultado, la comparación interanual escaló hasta el 33,5%, mientras que el acumulado de los primeros meses se ubicó en el 21,3%.
Pese a estos números favorables, la entidad financiera advirtió que «más allá del análisis idiosincrático de los componentes, la persistencia de la inflación en estos niveles responde en última instancia al equilibrio monetario». El informe detalla que, aunque se mantiene el vínculo inverso tradicional, la reciente reducción en las tasas de interés no cumplió el objetivo de dinamizar la preferencia por la liquidez local.
“Si bien mantienen su histórica relación inversa, la reciente baja de tasas no logró estimular la demanda de dinero, la cual permanece deprimida”, puntualiza el documento, el cual añade que esta situación demuestra que el proceso de remonetización anhelado por la administración central todavía no se ha materializado en la práctica.
El dilema entre recesión y estabilidad nominal
Los expertos del sector explicaron que los mecanismos de transmisión de la política monetaria operan de manera diferente según el contexto macroeconómico. Mientras que en escenarios de estabilidad de precios el aumento de la monetización estimula la producción, en entornos de alta inflación los actores económicos indexan sus valores basándose en la inercia pasada.
Bajo esta óptica, el informe remarca que «si el BCRA no convalidara esta dinámica, el ajuste decantaría en una caída de la actividad económica y, eventualmente, en una moderación de los precios». Por lo tanto, cualquier intento por forzar una compresión abrupta de la suba generalizada de precios requeriría un endurecimiento monetario severo.
Esta estrategia implicaría encarecer sustancialmente el financiamiento y presionar a la baja las cotizaciones mediante un enfriamiento profundo de la economía, sacrificando el nivel de actividad a cambio de una mayor desinflación.
Una estructura productiva fragmentada
El informe destaca que la dinámica actual acentúa la brecha entre los sectores orientados al comercio exterior y aquellos dependientes exclusivamente del consumo interno. Mientras las actividades vinculadas al mercado global operan en niveles récord, los rubros intensivos en mano de obra sufren un marcado rezago.
Esta asimetría genera repercusiones en el plano social y político, lo que ha llevado al Poder Ejecutivo a implementar nuevos mecanismos financieros para estimular la demanda interna. Entre estas alternativas figuran la flexibilización para que las compañías accedan a créditos en moneda extranjera y el impulso al mercado hipotecario.
No obstante, la debilidad de los sectores rezagados ya impacta en las proyecciones a mediano plazo. La mediana del Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) refleja que los especialistas recortaron en 0,6 puntos porcentuales la perspectiva de crecimiento para el año 2026, ubicándola ahora en un 2,1%.
Expectativas del mercado y proyecciones futuras
En paralelo al informe oficial del Indec, los agentes económicos ajustaron sus estimaciones inflacionarias. El consenso proyecta que la variación mensual de septiembre se ubique en el 1,8%, mientras que para el cierre de todo el año calendario se anticipa una suba acumulada del orden del 30%.
El análisis de Comafi subraya que tras conocerse los datos preliminares de la ciudad capital, las expectativas financieras se alinearon con una cifra mensual cercana al 1,7% para lo que resta del ejercicio anual. Sin embargo, la institución advierte que esta trayectoria podría ser demasiado optimista.
“En nuestro escenario base, luce difícil que la nominalidad perfore de manera sostenida el umbral del 1,8% mensual”, concluye el reporte, advirtiendo sobre el peso que los factores estacionales continúan ejerciendo sobre la economía doméstica.


