El traspié fantástico que precedió al éxito de la alta fantasía
A comienzos de la década de 1980, la industria cinematográfica experimentó una revolución estética gracias a la visión de realizadores audaces. Tras deslumbrar al público internacional con el clásico de terror espacial Alien, el renombrado director británico Ridley Scott consolidó su estatus de autor clave con el estreno de Blade Runner en 1982. Pese a que esta última obra es hoy considerada una piedra angular de la ciencia ficción, en su época de lanzamiento comercial constituyó una decepción económica acompañada de una recepción crítica sumamente tibia.
Lejos de amilanarse por el comportamiento del mercado, el cineasta encaró de inmediato un proyecto radicalmente distinto: un cuento de hadas de tintes oscuros titulado Legend, el cual llegó a las salas de cine en 1985 bajo el liderazgo protagónico de un joven Tom Cruise.
Una producción compleja y un recibimiento adverso
En aquella propuesta cinematográfica, Cruise interpretó a Jack, un habitante de los bosques cuya misión principal consistía en impedir que el temible Señor de las Tinieblas, encarnado por Tim Curry, aniquilara a los últimos ejemplares de unicornios existentes para sumir al planeta en una oscuridad perpetua. El conflicto central se tornaba aún más urgente cuando la princesa Lily, interpretada por Mia Sara y de quien el protagonista estaba profundamente enamorado, caía prisionera de las fuerzas malignas.
El proceso de filmación estuvo plagado de contratiempos técnicos y demoras logísticas. Su posterior debut comercial no hizo más que confirmar los peores presagios de los estudios: los especialistas de la prensa especializada la destrozaron y la recaudación internacional apenas ascendió a 23.5 millones de dólares, una cifra insuficiente frente a un coste de producción estimado en 30 millones de dólares. El impacto negativo de este tropiezo financiero y artístico fue tal que el propio Tom Cruise optó por mantenerse al margen de producciones de fantasía durante el resto de su trayectoria.
La visión actual de Ridley Scott sobre su obra
A pesar del rechazo histórico que sufrió el largometraje, el director mantiene una perspectiva diametralmente opuesta. El realizador, de 88 años de edad y responsable de éxitos monumentales como Gladiador, argumentó en su momento ante el medio The Guardian que la película simplemente careció de la sincronía adecuada con las demandas comerciales de su época, sugiriendo incluso que sirvió como un cimiento estético indispensable para que franquicias posteriores de la magnitud de El Señor de los Anillos y Harry Potter pudieran triunfar ante las masas décadas más tarde.
Acerca de esta incomprensión temporal, el director reflexionó de manera tajante:
«La gente decía que Legend no funcionaba. Pero creo que sí funciona. […] Es hermosa y espectacular a su manera. Simplemente la filmé 25 años antes de tiempo. Hoy en día, todas esas películas que triunfan bajo el estandarte de El señor de los anillos y Harry Potter son como Legend. Para cuando explotaron, yo ya me había alejado de ese género y solo pensaba: ‘Maldición, debí haberla hecho ahora'».
El legado de una rareza cinematográfica
Bajo la perspectiva del director, su apuesta cinematográfica de mediados de los ochenta plantó la semilla visual que más tarde germinaría en el auge global de la fantasía épica durante los primeros años del siglo XXI. Si bien las discusiones en torno a sus debilidades argumentales continúan vigentes entre los críticos, el paso de más de cuarenta años ha permitido reivindicar a Legend como un ejercicio estético de indudable valor plástico y una pieza imprescindible dentro de la filmografía de culto del realizador.


