Registra el Tren Maya más de 300 incidentes y dos descarrilamientos en menos de tres años

Radiografía de las fallas en el sistema ferroviario del sureste

El megaproyecto insignia del sureste mexicano acumula cifras preocupantes en su historial de funcionamiento. De acuerdo con registros oficiales de la Agencia de Trenes y Transporte Público Integrado (ATTRAPI), obtenidos mediante solicitudes de transparencia, el transporte ferroviario ha sumado 312 incidentes y un par de descarrilamientos formales durante sus primeros años de operación comercial.

Los reportes emitidos por la autoridad reguladora detallan los eventos anómalos documentados entre diciembre de 2023 y julio de 2026. Cabe señalar que los expedientes oficiales protegen temporalmente la identidad de los trabajadores involucrados mediante el ocultamiento de sus datos personales, con la finalidad de salvaguardar el anonimato mientras avanzan y concluyen las investigaciones correspondientes por parte de las instancias competentes.

Dicha documentación oficial deja fuera un tercer suceso reportado el pasado 31 de agosto en territorio campechano, cuando un convoy experimentó un percance operativo en las vías que obligó a detener la marcha para proteger la integridad de los viajeros a bordo, un episodio que quedó al margen del informe original debido a los plazos de entrega de la información pública.

Puntos críticos e incidentes graves en la Península de Yucatán

Un dato que llama poderosamente la atención de los analistas e investigadores es la coincidencia geográfica de los dos descarrilamientos oficiales registrados hasta la fecha. Ambos percances tuvieron lugar exactamente en el mismo tramo de la vía 2, específicamente entre los puntos kilométricos 608+061 y 608+301, localizados en las inmediaciones de la estación Izamal, en el estado de Yucatán.

El primer evento sucedió el 19 de agosto del año previo, cerca de las 13:47 horas, cuando la unidad C006 sufrió la salida de su tercer coche de la vía durante una maniobra de cruce. En aquella ocasión, el tren circulaba a una velocidad estimada de 20 kilómetros por hora, un ritmo inferior al límite máximo permitido de 30 kilómetros por hora en esa zona, provocando un ligero rozamiento con otro convoy que se encontraba detenido en la vía 4. A pesar del tiempo transcurrido, las indagatorias para esclarecer las causas exactas siguen abiertas.

El segundo percance de esta naturaleza se materializó meses después, concretamente la noche del 7 de mayo de este año. A la salida de la misma estación yucateca, un tren de servicios auxiliares configurado en doble composición experimentó una pérdida de guiado entre la rueda y el riel dentro del aparato de vía A11, lo que repercutió directamente sobre la cabina MCR2 y un vagón del convoy.

Las autoridades competentes han clasificado ambos siniestros dentro de una categoría de gravedad media. Si bien los reportes oficiales descartan la existencia de personas lesionadas, los daños materiales causados tanto a la infraestructura ferroviaria como al equipo rodante representan un saldo relevante para una obra cuya inversión acumulada supera los 500 mil millones de pesos erogados por el erario público.

Clasificación oficial y un entorno financiero adverso

La ATTRAPI define el origen de esta clase de eventualidades bajo criterios técnicos muy específicos. En la documentación obtenida se puntualiza textualmente lo siguiente: “Los siniestros con equipos ferroviarios ocurren durante la prestación del servicio público de transporte ferroviario de carga o pasajeros, los cuales se suscitan por infraestructura en mal estado (falta de mantenimiento y/o conservación de las vías férreas), por fallas mecánicas o eléctricas de equipo ferroviario, por actos de la naturaleza o factores humanos en la operación”.

A este panorama operativo se suman complicaciones de carácter económico para la empresa paraestatal operada por las fuerzas armadas. Durante el segundo trimestre del año, las pérdidas financieras de la compañía ascendieron a 867 millones de pesos, esto sin tomar en cuenta los distintos subsidios gubernamentales destinados a su sostenimiento.

Los informes financieros internos demuestran que, en el periodo comprendido entre abril y junio, la facturación directa derivada de la venta de boletos y prestación de servicios apenas alcanzó los 117 millones de pesos, una cifra drásticamente inferior a los 985 millones de pesos requeridos para cubrir los costos operativos en ese mismo lapso de tiempo.

El análisis económico destaca que el mes de junio marcó el punto más crítico para la rentabilidad del ferrocarril turístico. Irónicamente, a pesar de coincidir con el inicio de la temporada vacacional de verano y la celebración de eventos deportivos internacionales de gran magnitud, la recaudación por boletaje cayó a su nivel mínimo trimestral, mientras que los egresos operativos se elevaron de forma considerable.

Especialistas del sector señalan que el proyecto gubernamental todavía enfrenta severas dificultades para consolidarse como un imán efectivo de visitantes en una región turística que atraviesa por una fase de enfriamiento general. Factores adicionales como la presencia recurrente de sargazo en las costas peninsulares y la falta de una integración óptima del tren con los flujos cotidianos de viajeros continúan presionando los números financieros de la infraestructura y mermando su viabilidad económica a largo plazo.

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