Recogen miles de botellas de vidrio en playas de Brasil para construir su propio hogar sostenible

De residuos marinos a cimientos ecológicos

La contaminación por plásticos y vidrio en los arenales turísticos representa un desafío ambiental de dimensiones globales. Sin embargo, frente al abandono de desechos que afectaba la biodiversidad de la isla de Itamaracá, en Brasil, dos mujeres decidieron transformar una problemática costera en una alternativa habitacional innovadora durante la crisis sanitaria global.

La educadora socioambiental Edna Dantas, de 55 años, y su hija Maria Gabrielly, diseñadora de 27 especializada en moda sustentable, unieron fuerzas para limpiar la franja costera de su localidad. Durante un periodo cercano a los veinticuatro meses, ambas recorrieron la orilla del mar de forma sistemática para rescatar envases abandonados, logrando acumular más de 8,000 unidades que posteriormente conformarían la estructura principal de su residencia, bautizada como Casa de Sal.

Ingeniería artesanal y aprovechamiento de materiales

Levantar una propiedad de siete ambientes utilizando envases descartados requirió una logística rigurosa. Cada pieza recolectada pasó por rigurosas fases de limpieza, desinfección y clasificación antes de integrarse en los paramentos verticales. En lugar de emplear bloques industriales tradicionales, los recipientes se colocaron en sentido vertical para cumplir funciones estructurales de carga, combinándose con elementos convencionales como cemento, madera y tarimas recicladas para las divisiones interiores y las cubiertas.

La elección del vidrio respondió a una deficiencia crítica en los sistemas de reciclaje locales. Al tratarse de un material pesado, frágil y de escasa compensación económica, los recolectores informales suelen ignorarlo por completo, condenándolo a permanecer de manera indefinida en los ecosistemas naturales. No obstante, en esta construcción, la durabilidad del elemento se transformó en una ventaja arquitectónica fundamental, permitiendo que la luz solar cruce los muros y genere efectos visuales dinámicos en el interior a lo largo de las horas.

Autonomía, diseño y gestión de recursos

El camino hacia la culminación del inmueble estuvo marcado por la perseverancia. Durante el desarrollo de la edificación, madre e hija residieron temporalmente en un reducido taller de costura de apenas 20 metros cuadrados, documentando cada avance a través de sus plataformas digitales para inspirar a otras comunidades a replicar prácticas similares.

«Detrás de esta casa existe técnica, gestión y visión», expresó Maria Gabrielly al reflexionar sobre el impacto del proyecto, el cual se consolidó como un referente de empoderamiento y autosuficiencia frente a la degradación ambiental provocada por la afluencia masiva de paseantes.

Adicionalmente, la infraestructura fue diseñada para operar al margen de las redes de saneamiento urbano, las cuales carecen de cobertura en esa área insular. Para resolver este inconveniente, incorporaron un sistema de fosas sépticas biodegradables capaces de purificar las aguas domésticas y transformar los residuos sólidos tratados en abono orgánico para la tierra.

Un nuevo modelo de turismo consciente

Tras concluir las labores de edificación, el proyecto evolucionó hacia un espacio de divulgación ecológica y hospitalidad alternativa. En la actualidad, la propiedad funciona como un punto de atracción para viajeros interesados en la sustentabilidad, ofreciendo estancias temporales, recorridos guiados y talleres prácticos enfocados en lo que sus propietarias denominan «ecovivencia», cerrando así un ciclo virtuoso de conservación, educación y economía circular.

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