El titular de la Secretaría de Economía, Marcelo Ebrard, reconoció que las conversaciones comerciales con la Unión Americana han arrojado resultados favorables para el país; sin embargo, advirtió que persisten determinados puntos críticos dentro de las negociaciones bilaterales que requieren atención prioritaria para salvaguardar los intereses nacionales y la estabilidad de los mercados.
De acuerdo con la postura del funcionario federal, los principales motivos de inquietud secentran en las disposiciones contempladas en la sección 232 del T-MEC, la cual aborda los gravámenes aplicados por la administración estadounidense encabezada por Donald Trump, así como en los procedimientos derivados de la sección 301 de la legislación comercial de Estados Unidos.
Sectores estratégicos bajo la lupa arancelaria
Uno de los expedientes prioritarios para la delegación mexicana corresponde a la industria automotriz. En este rubro, la administración nacional mantiene gestiones firmes para lograr que el gobierno estadounidense disminuya el arancel del 25 por ciento que actualmente recae sobre los vehículos fabricados en territorio mexicano.
Reportes previos apuntan a que ambos países se encuentran en una fase avanzada para concretar una reducción al 15 por ciento en este sector. En los casos donde se utilice contenido que no sea de origen estadounidense, el gravamen efectivo podría posicionarse en un rango de entre el 10 y 12 por ciento, según estimaciones del sector financiero.
Paralelamente, la industria siderúrgica representa otro de los frentes complejos debido a las tarifas punitivas implementadas por la potencia norteamericana al acero y al aluminio, las cuales han llegado a escalar hasta el 50 por ciento. Si bien existen expectativas de que los diálogos bilaterales fructifiquen en un alivio tarifario para estos metales, los porcentajes definitivos de reducción aún permanecen bajo análisis.
El factor externo de la sección 301 y las medidas unilaterales
Más allá del marco estricto del tratado comercial trilateral, las investigaciones en curso amparadas bajo la sección 301 de la Ley de Comercio de Estados Unidos de 1974 generan cautela en el equipo económico mexicano. Esta normativa faculta al representante comercial estadounidense para indagar sobre políticas, prácticas o regulaciones de naciones extranjeras que consideren perjudiciales para su economía.
Organizaciones especializadas han señalado que este mecanismo permite la imposición de aranceles de manera unilateral al margen del tratado comercial principal. Un antecedente reciente de esta presión ocurrió cuando la potencia norteamericana oficializó un arancel del 10 por ciento a determinados productos mexicanos bajo el argumento de combatir el trabajo forzoso en las cadenas de suministro.
La urgencia de otorgar certidumbre a la inversión extranjera
Pese a los retos arancelarios y regulatorios, el secretario de Economía evaluó positivamente el estatus actual de la relación comercial al declarar textualmente: “A México le está yendo bien en esta negociación”. Ebrard destacó que la nación se mantiene como el socio que menos impuestos comerciales paga y el que mayores volúmenes de exportación coloca en el mercado estadounidense.
Asimismo, el funcionario valoró positivamente los pronunciamientos emitidos por el presidente Donald Trump respecto a la proximidad de un entendimiento bilateral enfocado en disminuir el déficit comercial mutuo. No obstante, enfatizó que el objetivo primordial del gobierno mexicano es concluir formalmente este proceso de revisión en el corto plazo.
“A tener ya cerrada nuestra revisión de este año porque eso va a dar certidumbre a los inversionistas”, puntualizó Ebrard al recalcar que la estabilidad jurídica y fiscal es indispensable para consolidar el flujo de capitales hacia el país.


