El Banco de Pagos Internacionales advierte sobre los riesgos del endeudamiento masivo en inteligencia artificial

El peligro oculto detrás de la expansión tecnológica

El Banco de Pagos Internacionales, conocido comúnmente como BIS por sus siglas en inglés, ha encendido las alarmas globales al señalar que el acelerado endeudamiento destinado a sostener la infraestructura tecnológica podría desestabilizar el sistema financiero global y alterar de forma persistente los rendimientos de los bonos a largo plazo.

Pese a que las repercusiones sobre otros segmentos de deuda se han mantenido contenidas de manera temporal, una emisión sostenida al ritmo actual podría desencadenar consecuencias severas y de largo alcance. Así lo detalla un análisis difundido por la institución con sede en Basilea, el cual examina los mecanismos de financiación empleados por los gigantes tecnológicos estadounidenses, los laboratorios de desarrollo y las nuevas empresas especializadas en computación en la nube para la inteligencia artificial.

Las proyecciones indican que las inversiones de capital realizadas por los cinco principales operadores tecnológicos de Estados Unidos superarán los US$800.000 millones hacia finales de 2026, una cifra equivalente al 2,5% del producto interno bruto de esa nación. El documento subraya que este despliegue operativo se sustenta cada vez más en compromisos de deuda a plazos prolongados y en complicados esquemas financieros apartados de los balances tradicionales.

Emisiones multimillonarias y falta de transparencia

Durante los primeros tres trimestres de 2026, la emisión bruta de títulos de deuda por parte de estas grandes corporaciones tecnológicas totalizó US$222.000 millones. Buena parte de estos recursos se colocó a largo plazo, abarcando más del 10% de las emisiones soberanas equivalentes del Tesoro norteamericano en el transcurso del año.

A este volumen se adiciona la colocación de bonos estructurados mediante vehículos financieros externos. Cálculos del sector revelan que en 2026 se movilizaron entre US$75.000 millones y US$100.000 millones a través de estos canales opacos.

Los compromisos asociados a estas estructuras superan las estimaciones convencionales. Cálculos de Moody’s Ratings revelan que los contratos de arrendamiento de centros de datos suscritos por las principales empresas tecnológicas alcanzaban los US$1,2 billones a mediados de 2026, de los cuales unos US$820.000 millones correspondían a acuerdos que aún no habían entrado en vigor.

El organismo internacional advirtió que estos mecanismos atraen fondos institucionales al mezclar activos subyacentes con garantías y contratos de arrendamiento. No obstante, esta dinámica dificulta rastrear la ubicación definitiva de los riesgos, los cuales recaen de manera desproporcionada sobre un grupo reducido de corporaciones.

Redes de interconexión y vulnerabilidades sistémicas

La arquitectura financiera de la inteligencia artificial involucra a múltiples actores económicos entrelazados. Los fondos especiales adquieren los centros de datos y emiten deuda, mientras que las grandes tecnológicas alquilan dichos espacios. Paralelamente, los fabricantes de microprocesadores proveen el hardware, participan en el capital de la infraestructura, aseguran compras futuras de capacidad operativa y, en determinadas circunstancias, respaldan obligaciones contractuales.

A este ecosistema se suman las entidades bancarias, que otorgan créditos para el desarrollo de las instalaciones y financian a los fondos de inversión privados que adquieren los títulos emitidos. Esta compleja red genera vulnerabilidades por la alta concentración de exposiciones cruzadas.

El informe detalla que las garantías corporativas no neutralizan la totalidad de los peligros. En eventuales escenarios donde una empresa decida no renovar o rescindir anticipadamente un contrato de arrendamiento, los vehículos propietarios se verían obligados a renegociar o liquidar activos en un mercado saturado, lo que deprimaría los valores de reventa.

Asimismo, la opacidad contable complica la labor de los inversionistas. Los compromisos futuros de arrendamiento se divulgan pero no figuran como obligaciones financieras directas, mientras que las garantías suelen registrarse con valores mínimos hasta que su ejecución se vuelve inminente.

Presiones sobre los tipos de interés y los bonos soberanos

El BIS alertó que la expansión del endeudamiento tecnológico podría repercutir negativamente en sectores económicos externos. Una proporción sustancial de estos instrumentos financieros posee vencimientos prolongados y se encuentra en poder de intermediarios financieros no bancarios que también administran deuda pública y bonos corporativos de alta calidad.

Un incremento en la oferta de títulos de largo plazo eleva la compensación exigida por los mercados ante el riesgo de duración. Como referencia, las tasas de los bonos del Tesoro estadounidense determinan el costo de las hipotecas y de los créditos corporativos a escala global.

Durante las jornadas de 2026 analizadas por el organismo, las noticias sobre financiamiento tecnológico coincidieron con un incremento aproximado de 1,5 puntos básicos en la prima por plazo de los bonos soberanos a 10 años, descontando las expectativas de política monetaria.

La tendencia hacia una mayor oferta es evidente: en 2024, los bonos de los gigantes tecnológicos a 10 años o más representaban apenas el 3% de las emisiones corporativas de ese plazo y el 1,5% de la emisión bruta del Tesoro estadounidense; para 2026, dichas proporciones escalaron hasta el 24% y el 13%, respectivamente.

El BIS concluyó que, de mantenerse este ritmo de expansión, un grupo reducido de inversores deberá absorber volúmenes crecientes de obligaciones correlacionadas, lo que incrementará las tensiones sobre los rendimientos a largo plazo y elevará los riesgos sistémicos para la estabilidad financiera internacional.

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