En los últimos años, las organizaciones criminales en el país han diversificado de manera drástica su capacidad bélica. Lo que antes se limitaba al uso tradicional de rifles de asalto ha dado paso a una compleja red de armamento avanzado que incluye tecnología de punta, vehículos blindados y dispositivos explosivos diseñados de forma artesanal para ampliar su dominio territorial.
Entre los años 2020 y 2025, la Secretaría de la Defensa Nacional decomisó más de 15 mil artefactos explosivos improvisados. El fenómeno experimentó un salto exponencial cuando cerca de 10 mil de estos dispositivos fueron asegurados únicamente a lo largo del año 2025, reflejando un cambio profundo en las tácticas de confrontación de los grupos delictivos.
Una muestra clara de esta tendencia ocurrió en Sinaloa. Durante agosto, las fuerzas de seguridad incautaron más de 300 artefactos explosivos improvisados en el municipio de El Rosario, sumándose a otros 550 dispositivos localizados en esa misma región meses atrás. Entre estos materiales se detectaron minas antipersonales y mecanismos adaptados específicamente para ser arrojados desde el aire.
Un análisis de la cadena internacional Deutsche Welle detalla que la integración de herramientas tecnológicas y armamento manufacturado de manera clandestina busca fortalecer las operaciones de ataque y vigilancia de las estructuras criminales en disputa.
“Cada decomiso de armas a los cárteles mexicanos asesta un golpe a sus estructuras de poder. Asimismo, permite hacerse una idea del estado y las dimensiones de los arsenales criminales”, explica el texto firmado por Viola Traeder.
Del armamento tradicional a la manufactura clandestina y los vehículos monstruo
Durante décadas, el panorama de las incautaciones al crimen organizado estaba compuesto principalmente por fusiles de alto poder como los AK-47 y AR-15, además de rifles Barrett ingresados de manera ilegal. Sin embargo, el mercado negro de armas ha alcanzado dimensiones masivas.
Estimaciones del investigador Víctor Sánchez Valdés apuntan a que en el territorio nacional circulan aproximadamente 15 millones de armas ilegales. Incluso si una fracción menor estuviera concentrada en manos de las organizaciones delictivas, el volumen superaría los 7 millones de unidades.
A este flujo se suma el armamento proveniente de zonas de conflicto internacional y la producción interna en talleres clandestinos. Destacan las piezas fabricadas mediante impresiones tridimensionales y la construcción de los denominados vehículos monstruo, unidades automotoras modificadas con blindaje artesanal para soportar ataques directos en zonas de combate.
No obstante, el componente más disruptivo en esta transformación ha sido la proliferación de explosivos. Aunque los primeros registros datan de 2010, su uso masivo cobró relevancia tras los atentados perpetrados en Michoacán en 2021, vinculados con las operaciones del Cártel Jalisco Nueva Generación.
En acciones realizadas en Concordia, Culiacán y Mazatlán, elementos de @Defensamx1, @GN_MEXICO_, @SSPCMexico, @FGRMexico y @SEMAR_mx aseguraron armamento y localizaron e inhabilitaron un laboratorio clandestino para la elaboración de droga sintética.
• 172 artefactos explosivos… pic.twitter.com/kzTA223eTo
— Gabinete de Seguridad de México (@GabSeguridadMX) August 21, 2026
El impacto táctico de los drones en las disputas territoriales
La incorporación de aeronaves no tripuladas representa un cambio estratégico fundamental, ya que permite a los grupos delictivos ejecutar labores de reconocimiento, espionaje y transporte de cargas peligrosas sin exponer directamente a su personal en el terreno.
Estos equipos han sido adaptados para operar como plataformas de lanzamiento de artefactos explosivos, convirtiéndose en un recurso habitual en las regiones donde diferentes facciones sostienen enfrentamientos prolongados por el control de rutas y territorios estratégicos.
Cooperación binacional frente a la amenaza tecnológica
La evolución del armamento del narcotráfico ha obligado a coordinar acciones más allá de las fronteras. Recientemente, autoridades de seguridad detectaron e inhabilitaron drones vinculados con actividades ilícitas cerca de la línea limítrofe con Estados Unidos, empleando sistemas láser de alta energía en una operación coordinada.
Paralelamente, los gobiernos de ambos países han colaborado en el intercambio y adquisición de tecnología especializada para la detección y neutralización de Sistemas Aéreos No Tripulados, reforzando la seguridad en puntos clave e instalaciones estratégicas.
Espionaje y redes de videovigilancia al servicio del crimen
La modernización delictiva no se agota en el campo de batalla físico. De acuerdo con especialistas, las estructuras criminales han recurrido a la contratación de expertos en tecnología y programadores para implementar redes complejas de videovigilancia y sistemas de espionaje con los cuales rastrean de manera sistemática los movimientos de corporaciones de seguridad y células rivales.


