Una alianza estratégica para dominar la energía lunar
La cooperación espacial entre potencias da un paso trascendental con el proyecto conjunto impulsado por Moscú y Pekín. Autoridades del sector aeroespacial ruso confirmaron que ambas naciones trabajan en el diseño y posterior instalación de un reactor nuclear sobre la superficie lunar. Mientras que la infraestructura rusa aporta décadas de conocimiento probado en tecnología atómica, la contraparte china respalda la iniciativa con su sólida capacidad científica y un vasto presupuesto.
El objetivo principal de esta sinergia es consolidar la Estación Internacional de Investigación Lunar (ILRS), un complejo habitable cuyo funcionamiento total deberá completarse hacia el año 2035. Mantener operativas las instalaciones científicas y habitacionales en el satélite natural requiere un suministro eléctrico ininterrumpido, condición que descartó el uso exclusivo de fuentes solares y motivó la apuesta por la energía nuclear.
Cronograma y el rol fundamental de la tecnología rusa
El programa contempla que la misión Chang’e-8, programada para el año 2028, sirva como plataforma de prueba para evaluar el montaje del reactor y sentar las bases de la infraestructura permanente. Expertos de la agencia espacial asiática reconocen que la experiencia rusa resulta indispensable para superar los desafíos técnicos de trasladar tecnología atómica al espacio.
Al respecto, Pei Zhaoyu, ingeniero jefe de la misión Chang’e-8, subrayó la trascendencia de esta colaboración al señalar que: «Una cuestión importante para la ILRS es el suministro de energía. En este terreno Rusia tiene una ventaja natural debido a que en lo que se refiere a las instalaciones nucleares, y especialmente enviándolas al espacio, lidera el mundo incluso por delante de EEUU».
Innovación técnica en el diseño del reactor
Los ingenieros nucleares de Pekín ya elaboraron un esquema preliminar para el dispositivo energético, combinando avances de la NASA con la herencia técnica del histórico proyecto soviético TOPAZ-II. El modelo conceptual prevé la utilización de barras de combustible compuestas por dióxido de uranio en disposición anular.
Asimismo, el mecanismo contará con un sistema de refrigeración dual basado en metal líquido (NaK-78), el cual buscará mantener la temperatura del núcleo por debajo de los 600 °C. Como complemento, se integrará un moderador de neutrones fabricado con hidruro de itrio, considerado superior en términos de rendimiento operativo frente a las alternativas tradicionales de hidruro de circonio.
La carrera internacional por la energía en el espacio
En paralelo a los movimientos de la alianza euroasiática, Estados Unidos avanza en su propio programa de retorno lunar a través de las misiones Artemis de la NASA, las cuales también contemplan el establecimiento de bases permanentes habitadas por astronautas.
Debido a que las prolongadas noches en la Luna se extienden por el equivalente a entre 14 y 15 días terrestres, la energía fotovoltaica resulta insuficiente para garantizar operaciones continuas. Para solventar este obstáculo, la agencia norteamericana desarrolla paralelamente su propia central atómica portátil denominada Fission Surface Power, diseñada para suministrar una potencia constante de 40 kW y asegurar la viabilidad de las futuras colonias humanas en el satélite.


