El sector financiero en Colombia atraviesa un momento particular durante 2026, caracterizado por una marcada dualidad entre la robustez de sus ganancias y un ritmo de expansión crediticia que avanza con prudencia. A pesar de un panorama macroeconómico exigente, las instituciones financieras del país conservan indicadores financieros muy favorables, incluso cuando la colocación de nuevos préstamos experimenta una moderación evidente frente a periodos anteriores.
La desaceleración del crédito y las expectativas para el cierre de año
Durante el segundo trimestre, el saldo total de la cartera llegó a COP$757,8 billones, lo que representó un incremento real anual del 2,5%. No obstante, los análisis del sector advierten sobre una tendencia de enfriamiento progresivo que se arrastra desde los primeros meses del año, acompañada por una reducción en la velocidad de los desembolsos a los clientes. Desde la perspectiva de Grupo Cibest, este comportamiento responde fundamentalmente a una etapa de ajuste tras las contracciones registradas en ciclos pasados.
Las previsiones para el cierre de 2026 y el transcurso de 2027 apuntan hacia un avance moderado de la actividad crediticia. Este comportamiento está condicionado principalmente por un contexto en el cual los tipos de interés se mantienen en niveles elevados, limitando el apetito por endeudamiento tanto en personas naturales como en empresas.
Optimización en la calidad de los activos y menor presión de provisiones
Uno de los aspectos más destacados del periodo fue la evolución favorable en los indicadores de riesgo. Los saldos con mora superior a 30 días disminuyeron un 5,5% en términos anuales, ubicándose en COP$28,2 billones. Por su parte, el comportamiento de las carteras castigadas también mostró variaciones importantes, con una reducción del 5,2% durante el segundo trimestre hasta alcanzar los COP$49,5 billones, una cifra que, aunque continúa siendo alta desde una perspectiva histórica, refleja una estabilización respecto a los trimestres más difíciles del ciclo anterior, especialmente en el segmento de consumo.
Gracias a esta contención del riesgo, el gasto neto en reservas disminuyó considerablemente. Durante el segundo trimestre, las provisiones netas se situaron en COP$3,8 billones, manteniendo el costo del riesgo en el 2%. Esta liberación de recursos impulsó de manera directa la rentabilidad del sistema, permitiendo que las entidades compensaran el crecimiento más lento de la intermediación tradicional.
Rentabilidad elevada impulsada por inversiones
La rentabilidad de las instituciones financieras acumula varios meses en rangos de doble dígito. Con un promedio general ubicado en el 13,7%, el indicador cerró el segundo trimestre en el 18,6%, apoyado en el rendimiento de los activos y en una gestión eficiente de los recursos. Los ingresos netos por intereses totalizaron COP$11 billones, logrando un margen de cartera bruta del 5,5%, lo que significó un repunte de 10 puntos básicos en comparación con los tres meses previos.
Asimismo, los recursos obtenidos por concepto de inversiones y derivados jugaron un papel estelar al sumar COP$10,3 billones en el segundo trimestre, traduciéndose en una variación positiva acumulada del 22,6% interanual. No obstante, el informe advierte que las alzas en las tasas de interés también provocaron minusvalías en los títulos de deuda pública, un fenómeno agudizado por el persistente déficit fiscal del país.
Tasas altas y su impacto en el costo de endeudamiento
El costo del dinero continuó presionando la dinámica del mercado al inicio del tercer trimestre. De acuerdo con los registros oficiales con corte a agosto, el indicador promedio de colocación escaló 335 puntos básicos en lo que va del año para situarse en el 19,5%, marcando el nivel más oneroso para los deudores desde mayo de 2024. Las captaciones mediante certificados de depósito a término también sintieron este efecto, con rendimientos del 12,2% para los plazos de un año y del 10,7% para los de seis meses.
Para los próximos meses, los analistas estiman que la combinación de tipos de interés altos, mayores costos de fondeo y un nivel de apalancamiento moderado en la economía continuarán condicionando la colocación de nuevos recursos. Sin embargo, se anticipa una recuperación gradual hacia 2027, impulsada por la reactivación de proyectos estratégicos en infraestructura, vivienda, minería y energía, los cuales servirán como catalizadores para dinamizar nuevamente la cartera comercial del país.


