Una señal de Johnson y las imágenes de Amilcar Olán, las claves del colapso de Andrea Chávez

 La madrugada de hoy martes fue aciaga para la senadora Andrea Chávez, quien observó, con el paso de las horas,  desde la tarde del lunes, que sus chances de ser candidata a la gubernatura de Chihuahua por Morena se eclipsaban. 

La primera señal llegó el fin de semana, cuando el embajador de Estados Unidos, Ronald Johnson, emitió un mensaje en X de fuerte respaldo a la gobernadora panista Maru Campos.

El diplomático reconoció los esfuerzos de la mandataria estatal en materia de seguridad y reafirmó, de paso, el nexo de Washington con Campos.

La segunda señal llegó en la mañana del martes desde TV Azteca donde apareció el empresario Amilcar Olán maltratando a un periodista  de la televisora que lo había encontrado en su refugio suizo.

La combinación de ambos elementos resultó ineludible: Johnson a favor de Campos y el empresario amigo de Andy López Beltrán escapando de las cámaras en Suiza. El embajador entiende Chihuahua como un punto clave para la estrategia bilateral de seguridad y el hijo de López Obrador era uno de los soportes económicos de la aspiración de Chávez.

El otro gran patrocinante, desde ya, era Adán Augusto López Hernández, el senador que tiene un papel central en la trama de «La Barredora». 

La senadora había dejado de lado estas amistades peligrosas para hacer foco solo en el hecho de que ella ganaría la encuesta y que por eso debía ser la elegida. Error garrafal: Chávez asumió la carrera como un concurso de popularidad cuando, en realidad, se quedo afuera por el cálculo político más elemental.

Chávez no es candidata por los mismos motivos que Christian Agúndez fue vetado en Baja California Sur, Javier Lamarque en Sonora, Raúl Morón en Michoacán o todo el rochismo en Sinaloa: sus candidaturas hubieran generado turbulencias con EU.

Chávez lo entendió en la larga noche del lunes cuando, sus allegados, buscaban convencerla de que los resultados anunciados podrían no ser definitivos. Una salida desesperada para levantar el ánimo de quien se asumía como un cuadro político ineludible.

La senadora no solo cargó con el rechazo de Palacio: la gobernadora Campos la detesta igual que la dirigente oficialista Ariadna Montiel. Por estas horas sus respaldos se reducen a Adán Augusto y al siempre ocurrente Javier Corral que vuelve a demostrar tener más talento para las tertulias literarias que para la política real.

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