El desafío habitacional y la perseverancia de una década
Conseguir una vivienda propia se ha convertido en una auténtica prueba de resistencia para numerosas familias en América Latina. Para Cindy Mora, este objetivo significó un esfuerzo continuo de casi diez años, apartando una parte de sus ingresos de manera disciplinada con el propósito de adquirir un lote donde pudiera levantar un patrimonio junto a su hijo. Sin embargo, al concretar la compra del predio en San José, Costa Rica, se enfrentó a un obstáculo financiero muy frecuente: su presupuesto se había agotado por completo, volviendo imposible iniciar los trabajos de edificación por sus propios medios.
Tras nueve años de sacrificio para asegurar el primer paso, la falta de liquidez amenazaba con postergar indefinidamente el sueño de la casa propia. Afortunadamente, el proyecto logró materializarse gracias a una alianza estratégica entre el sector privado y diversas agrupaciones sociales, evitando que el terreno permaneciera inactivo.
Solidaridad y tecnología sostenible en la construcción
La materialización de este hogar fue posible mediante una intervención coordinada por Hábitat para la Humanidad, Procter & Gamble, Urbarium y Ekojunto. Esta red de apoyo aportó los recursos técnicos y humanos indispensables, sumando más de 800 horas de trabajo voluntario para que Cindy y su hijo pudieran establecerse definitivamente en su comunidad sin necesidad de desplazarse a otra zona.
Lo verdaderamente innovador de esta obra radica en su sistema constructivo. En lugar de recurrir al ladrillo o al bloque de concreto tradicional, las paredes tanto exteriores como interiores se levantaron utilizando 850 bloques modulares Bliqueplas. Estas piezas fueron fabricadas a partir de aproximadamente 7.5 toneladas de desechos urbanos.
El proceso detrás de estos módulos comienza con la recolección de materiales de uso diario como botellas, bolsas plásticas, envases y diversas envolturas. Posteriormente, estos desperdicios pasan por fases de trituración y termoformado hasta transformarse en bloques de ensamblaje que ofrecen una resistencia comparable a la de los materiales de mampostería convencionales.
Arquitectura híbrida que combina tradición y modernidad
A pesar del uso innovador de plástico reciclado, el diseño arquitectónico cumplió rigurosamente con los estándares técnicos y de habitabilidad. La estructura no depende exclusivamente de los elementos sustentables; la cimentación, los techos, las puertas, la cancelería y las instalaciones eléctricas e hidráulicas se ejecutaron empleando métodos tradicionales para asegurar la estabilidad y la durabilidad a largo plazo.
Gracias a los acabados, los aplanados y las capas de pintura aplicadas sobre las superficies, el resultado final es una fachada que simula a la perfección la de una vivienda tradicional, ocultando por completo el origen de los bloques que componen su estructura principal.
Impacto en la economía circular y la vivienda social
Este proyecto cumplió un doble cometido: por un lado, brindó una solución habitacional urgente a una familia evaluada bajo estrictos criterios socioeconómicos; por el otro, demostró que los residuos plásticos pueden reincorporarse de manera segura y eficiente en la industria de la construcción.
Aunque iniciativas de esta magnitud todavía no transforman de manera masiva el panorama urbano de la región, establecen un precedente fundamental en Costa Rica para desviar toneladas de desechos plásticos de los vertederos y fomentar el desarrollo de una infraestructura mucho más sostenible en el futuro.


