Vicente López y el modesto origen en una tienda de abarrotes que dio vida a La Costeña

Mucho antes de que los anaqueles de los supermercados mexicanos se llenaran con latas de conservas, frijoles y vegetales, el origen de uno de los imperios alimentarios más grandes del país se gestó de manera sumamente modesta. Todo comenzó en un pequeño establecimiento mercantil ubicado en la zona de Tlatelolco, donde su fundador inicial comercializaba diversos abarrotes.

En aquel espacio, Vicente López Resines elaboraba de forma casera chiles en vinagre con el único propósito de ofrecerlos como guarnición para las tortas que despachaba a su clientela. Jamás imaginó que aquella receta rudimentaria sentaría las bases de una de las marcas más icónicas de México.

La memoria de este legado empresarial ha cobrado renovada fuerza tras el fallecimiento de Vicente López Rodea, descendiente del fundador y quien se desempeñaba como presidente del consejo de Grupo La Costeña. Diversos organismos del sector industrial emitieron comunicados para recordar su trayectoria, destacando su rol como consejero y socio fundador de la cámara nacional dedicada a la industria de conservas alimenticias.

Para comprender la magnitud de esta evolución comercial, es necesario remontarse a 1923, el año en que López Resines comenzó a preparar los chiles detrás del mostrador, para posteriormente envasarlos de forma manual y ofrecerlos directamente en los comercios vecinales.

De la trastienda artesanal a la primera planta de producción

Antes de consolidarse en el sector de las conservas, el comerciante de origen español residió temporalmente en Estados Unidos, sitio donde colaboró con firmas dedicadas al envasado de salsa de tomate. Dicha experiencia laboral le proporcionó los conocimientos técnicos que más tarde replicaría en territorio mexicano.

El éxito del producto trascendió el mercado de las tortas. Los compradores comenzaron a solicitar los chiles por separado, lo que motivó al comerciante a ampliar su red de distribución hacia otros establecimientos comerciales de la época.

En esa etapa inicial, los chiles se distribuían en recipientes metálicos de 3 kilos para que los tenderos los vendieran a granel utilizando tradicionales vitroleros de cristal. El proceso entero dependía del esfuerzo manual: él mismo se encargaba de fabricar los recipientes, sellarlos y salir a comercializarlos personalmente.

Sobre esta etapa formativa, directivos de la firma recordaron declaraciones históricas donde se relata que «él preparaba los chiles solo, en la trastienda» y que «empezó a fabricar sus propias latas, las cerraba a mano y salía a venderlas».

La expansión de las instalaciones y la mecanización

Conforme la demanda aumentó, la trastienda original resultó insuficiente. Las operaciones se mudaron primero hacia la zona de la Calzada de Guadalupe y, posteriormente, se establecieron formalmente en la colonia Estrella, al norte de la Ciudad de México, donde se inauguró la primera fábrica en 1937.

Aquella primera planta operaba con un equipo reducido de apenas 15 trabajadores. Sin embargo, el crecimiento constante exigió la adopción de maquinaria automatizada. Para 1951, la empresa ya contaba con una línea mecanizada para los envases grandes, incorporando años más tarde formatos más pequeños.

La saturación de dicha planta impulsó un nuevo cambio estratégico en 1971, trasladando las operaciones principales a una superficie de 40 hectáreas en Ecatepec, Estado de México, consolidando un complejo industrial masivo.

Diversificación de marcas y alcance internacional

Con el paso de las décadas, el catálogo dejó de limitarse a los chiles jalapeños y serranos. La compañía integró gradualmente productos como puré de tomate, vegetales enlatados, frijoles y especialidades como moles y tamales, respaldados por la apertura de nuevas plantas en regiones como Sinaloa y San Luis Potosí.

Asimismo, la corporación amplió su presencia mediante la adquisición de marcas y filiales relevantes dentro de la industria de alimentos y bebidas, sumando a su portafolio reconocidas etiquetas del mercado mexicano.

En la actualidad, la empresa mantiene operaciones en más de 77 países, superando los 300 productos en su catálogo global y operando múltiples centros de manufactura tanto en la república mexicana como en el extranjero, consolidando una trayectoria centenaria que transformó una receta de trastienda en un referente de la gastronomía cotidiana.

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