Logran reproducir por primera vez en cautiverio al pejelagarto, un auténtico fósil viviente, en Guatemala
Los registros históricos de la Tierra indican que, hace aproximadamente 100 millones de años, los antepasados de una fascinante criatura ya surcaban los ríos compartiendo hábitat con los dinosaurios. Se trata del Atractosteus tropicus, comúnmente identificado como pez caimán o pejelagarto, un organismo singular caracterizado por un hocico alargado y una coraza de escamas sumamente resistentes que le otorgan la capacidad de respirar oxígeno directamente de la atmósfera superficial.
Un hito histórico para la conservación ambiental
A pesar de que a nivel global su categoría de conservación se ubica en un nivel de preocupación menor, la realidad geográfica de esta especie en territorio guatemalteco es radicalmente distinta, ya que se le considera un organismo bajo amenaza. Esta situación ha motivado una serie de iniciativas científicas destinadas a su preservación, culminando en un acontecimiento sin precedentes: por primera vez se logró exitosamente la reproducción de este animal en cautiverio dentro del país centroamericano.
Este importante avance científico fue consumado por el Centro de Conservación Marina, perteneciente al zoológico La Aurora de Ciudad de Guatemala, mediante técnicas especializadas de inducción hormonal. La tarea no estuvo exenta de complejidades, dado que los procesos de desove en ambientes controlados han manifestado históricamente un comportamiento sumamente irregular.
Desarrollo y alimentación de las crías
Tras el nacimiento de los alevines en instalaciones especialmente acondicionadas, los investigadores los alimentaron con distintos tipos de alimento durante 84 días para evaluar su desarrollo biológico. Los resultados demostraron que aquellos ejemplares alimentados con productos balanceados específicos para trucha obtuvieron una tasa de supervivencia del 30%, superando ampliamente a los alimentados con fórmulas para tilapia, que registraron un 16.67%.
Una vez superada esta etapa crítica de crecimiento inicial, las crías fueron trasladadas en recipientes especiales hasta un canal de agua dulce ubicado en un entorno de manglares en la región de Taxisco. En este nuevo hábitat natural, los especialistas realizarán un riguroso monitoreo para documentar su adaptación y evaluar su viabilidad de supervivencia de cara a futuros planes de repoblamiento ecológico.
Anatomía y relevancia en la cadena trófica
El término pejelagarto proviene de su morfología distintiva, combinando rasgos pisciformes con una mandíbula que evoca la estructura ósea de un cocodrilo. Este espécimen forma parte de la familia de los lepisosteidos, cuyos vestigios paleontológicos datan de la era del Cretácico, conservando una estructura física prácticamente intacta a lo largo de las eras geológicas.
La supervivencia de esta especie a través de extinciones masivas y drásticas transformaciones climáticas se atribuye fundamentalmente a su sistema respiratorio dual. Además de emplear sus branquias tradicionales, estos animales aprovechan su vejiga natatoria para captar aire atmosférico, una ventaja evolutiva clave para subsistir en cuerpos de agua con deficiencia de oxígeno.
En los ecosistemas donde habita, este organismo se desempeña como un depredador clave en la cúspide de la cadena alimenticia, consumiendo crustáceos, anfibios y otros peces. Al respecto, Pablo Gaitán, especialista del Centro de Conservación Marina, advierte con firmeza que «no tenerlo afectaría los ecosistemas», subrayando el valor ecológico irremplazable que aporta al equilibrio natural de su entorno silvestre.


