La verdad sobre la supuesta escultura satánica gigante que aterrorizó a los habitantes de la Ciudad de México

Las leyendas urbanas de la capital del país dieron un salto inusitado hacia el ecosistema digital luego de que se viralizara con fuerza una enorme figura provista de cuernos, alas y cabeza de cabra que supuestamente había sido colocada en la exclusiva zona residencial del Pedregal. Las imágenes compartidas masivamente a través de diversas plataformas mostraban una supuesta representación de Baphomet, una entidad histórica y cultural estrechamente vinculada con corrientes del ocultismo y del satanismo.

El relato escaló rápidamente en internet, acompañado por versiones alarmistas que aseguraban que los residentes de la zona se encontraban sumamente molestos por la presencia de la imponente estatua, al punto de exigir su retiro inmediato de la vía pública. Sin embargo, toda esta narrativa carecía de sustento en el mundo real, ya que la figura jamás existió físicamente en las calles mexicanas.

La desmentida oficial y el peligro de la inteligencia artificial

La desinformación ganó tanta tracción digital que las autoridades locales tuvieron que intervenir de manera directa. Javier López Casarín, alcalde de Álvaro Obregón, utilizó sus canales oficiales para publicar un mensaje en video con el fin de disipar los rumores, calmar los ánimos de la ciudadanía y hacer un llamado urgente a no replicar noticias falsas.

“Corrió como polvora encendida, se estuvo replicando en cuentas de redes sociales, me empezaron a llegar mensajes, peticiones y exigencias, hasta agresiones, la mayoría fueron una petición para que fuéramos a exigir que bajara la escultura demoniaca y hasta demoler o clausurar la casa, me pidieron arrestarlos”, declaró el funcionario en un video difundido a través de la plataforma X.

Según explicó el alcalde, uno de los aspectos más delicados de esta situación fue que la propagación inicial provino de un medio de comunicación tradicional que omitió realizar un proceso básico de verificación ante una supuesta denuncia ciudadana.

“Se menciona que hasta hubo protestas, mantas y cartulinas de los vecinos, pero algunos que hicieron la tarea se dieron cuenta que las imágenes son generadas por IA, y en efecto, así fue (…) nunca señalaron las calles ni el domicilio, es algo que si uno lee se da cuenta que no hubo rigor o se entendió que no había que darle precisión”, añadió López Casarín.

Las sospechas sobre el origen sintético de las fotografías se confirmaron al analizar los detalles visuales, ya que las ilustraciones presentaban notorias discrepancias entre sí; mientras en una toma la criatura lucía un par de cuernos acompañados de un adorno ornamental en la cabeza, en otra imagen este accesorio desaparecía por completo, evidendo los errores típicos de los generadores de imágenes por computadora.

La estatua de Baphomet nunca existió en la CDMX. (Foto: Captura)

El origen histórico y el mito detrás de Baphomet

Para comprender la magnitud del revuelo generado, es necesario analizar quién es realmente Baphomet. Durante el periodo de la Edad Media, este nombre quedó fuertemente ligado a graves acusaciones de idolatría emitidas en contra de la Orden del Temple, una influyente organización de caballeros templarios. No obstante, la tradicional figura dotada con cabeza de cabra que hoy en día se asocia habitualmente con este concepto no cuenta con una representación medieval genuina cuya existencia física esté documentada.

De acuerdo con registros de la Enciclopedia Italiana de Treccani, el vocablo pudo nacer originalmente como una alteración fonética del nombre Mahoma, pronunciado como Mahomet en otras lenguas europeas. Durante la época de las Cruzadas, diversas crónicas cristianas emplearon variantes de este término al referirse de forma genérica a las creencias de los pueblos musulmanes.

Años más tarde, el concepto se vio envuelto en los procesos judiciales promovidos en 1307 por el rey Felipe IV de Francia contra los templarios, a quienes ordenó capturar bajo los cargos de herejía y prácticas idólatras. Los interrogatorios incluyeron menciones a supuestas cabezas veneradas, aunque los testimonios recopilados presentaban contradicciones evidentes. Diversos investigadores modernos han recordado que dichas confesiones deben interpretarse bajo el contexto de la época, donde el uso de la tortura y las presiones sistemáticas invalidaban la espontaneidad de los testimonios.

Un análisis detallado sobre estas versiones divergentes y su impacto en la construcción del mito moderno fue desarrollado por el historiador Andrea Nicolotti en un documento académico para el repositorio institucional de la Universidad de Turín.

La consolidación de la imagen moderna en el siglo XIX

La estética visual que hoy identifica universalmente a Baphomet con una apariencia caprina no proviene de la época medieval, sino del siglo XIX. Fue el ocultista francés Éliphas Lévi quien diseñó y difundió una ilustración de una criatura antropomorfa con cabeza de cabra, alas y múltiples símbolos orientados a representar la dualidad de los opuestos.

Dicha ilustración fue integrada en su influyente obra Dogme et Rituel de la Haute Magie, publicada en dos entregas entre 1854 y 1856. Esta representación, conocida comúnmente como el Baphomet de Lévi, incorporó elementos alegóricos diseñados para el estudio del esoterismo de esa época.

Lejos de tratarse de una recuperación arqueológica de los templarios, la imagen constituyó una invención simbólica ligada al pensamiento mágico decimonónico. Con el transcurso de las décadas, su aspecto visual se integró progresivamente a la iconografía del satanismo contemporáneo y otras corrientes marginales, facilitando su actual percepción popular como una entidad de carácter estrictamente demoníaco.

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