La fragmentación institucional en Washington complica y retrasa el proceso de revisión del tratado trilateral

La fragmentación institucional en Washington complica y retrasa el proceso de revisión del tratado trilateral

El proceso de evaluación y actualización del tratado comercial entre México, Estados Unidos y Canadá enfrenta importantes obstáculos debido a la dispersión de funciones dentro de la administración estadounidense. Aunque formalmente la Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos, encabezada por Jamieson Greer, lidera las gestiones generales, la estrategia se ha dividido entre múltiples dependencias gubernamentales, lo que entorpece los avances y genera incertidumbre jurídica para los socios comerciales.

Distribución de competencias y nuevos temas estratégicos

Mientras que Greer concentra sus esfuerzos en la modificación de textos normativos y en la resolución de barreras no arancelarias, las discusiones sobre temas emergentes y de alta prioridad han sido delegadas a otras carteras. Por un lado, la secretaría de Energía y el departamento de Estado, dirigidos por Chris Wright y Marco Rubio respectivamente, asumieron el control de lo relativo a los minerales críticos. Por otro lado, la secretaría de Comercio, a cargo de Howard Lutnick, lidera todo lo concerniente a la inteligencia artificial.

Esta división institucional también se refleja en la gestión de las medidas arancelarias, un terreno donde convergen las facultades del departamento de Comercio y la oficina de Greer. Esta última es la encargada de aplicar gravámenes generales vinculados al trabajo forzado y al exceso de capacidad productiva. Este último impuesto, sin embargo, todavía no se ha formalizado debido a deficiencias en su diseño estructural, lo cual ha provocado que diversos organismos del sector privado y gobiernos de 25 estados presenten objeciones formales que anticipan futuras demandas ante la Corte de Comercio Internacional.

Fricciones internas y el impacto en la relación con Canadá

Por su parte, el departamento de Comercio administra los gravámenes amparados en la sección 232 de la Ley de Expansión Comercial, los cuales impactan directamente a las importaciones de acero, aluminio, cobre, vehículos, autopartes, productos madereros, semiconductores y ciertos farmacéuticos. Aunque la segmentación de tareas es una práctica habitual en los gobiernos federales, la falta de sincronización entre los distintos funcionarios ha tenido costos políticos severos.

Un ejemplo claro de esta descoordinación ocurrió cuando las negociaciones con Canadá colapsaron. En dicha ocasión, Jamieson Greer y Howard Lutnick comunicaron al negociador canadiense Dominic LeBlanc que únicamente se disminuiría el arancel aplicable a los automóviles y no al resto de los vehículos, contraviniendo lo pactado al inicio de esa semana y provocando la retirada temporal de la delegación de Ottawa.

Estrategias de integración y posturas divergentes

Para eludir la necesidad de una ratificación compleja en el Congreso estadounidense, la administración de Donald Trump opta por canalizar los cambios mediante acuerdos paralelos o cartas complementarias que funcionan como entendimientos bilaterales separados del cuerpo principal del pacto comercial.

En el rubro de los minerales críticos —que abarca 60 metales indispensables para la industria militar y tecnológica de Estados Unidos—, el departamento de Estado impulsó una reunión ministerial para promover un acuerdo multilateral con la participación de la Unión Europea, México, Canadá y más de cincuenta naciones. Paralelamente, la oficina comercial había anunciado un esquema binacional con México que hasta el momento no ha mostrado avances concretos.

En materia de inteligencia artificial, la administración estadounidense aprovechó un foro internacional del G20 para impulsar la Declaración de Chapel Hill. Este documento promueve un marco regulatorio flexible que impulse la inversión privada y refuerce la competitividad frente a las normativas de otras potencias globales, cumpliendo así con las solicitudes planteadas previamente por el sector privado norteamericano.

Ante este panorama, la postura de los socios norteamericanos ha mostrado diferencias notables. Mientras Canadá ha exigido que todos los asuntos de la agenda comercial se mantengan en una sola mesa de diálogo, negándose a asumir compromisos aislados sobre tecnología o minerales, México ha debilitado su posición negociadora al aceptar tratos fragmentados en distintos foros con contrapartes que responden a agendas ajenas a la oficina comercial principal.

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