Una grave acusación contra el certamen internacional
La controversia vuelve a rodear a la cúspide de los concursos de belleza tras oficializarse una demanda legal en contra de la Organización Miss Universo. La acción judicial fue interpuesta por la modelo y oftalmóloga Gabrielle Henry, quien representó a Jamaica en la edición pasada del evento y sufrió un aparatoso accidente durante una de las fases preliminares mientras desfilaba luciendo un vestido de noche.
Los registros en video del incidente evidencian el momento exacto en que la concursante se precipita desde la parte alta de la pasarela, un hecho que obligó al personal de asistencia a retirarla del escenario en una camilla mientras el resto de las participantes continuaba con el desfile programado.
Deficiencias de seguridad y presunta negligencia
La denuncia formal fue presentada ante el Tribunal Superior de Delaware, en Estados Unidos, e incluye cinco cargos distintos en contra de la empresa matriz JKN Legacy, Inc. y de la copropietaria Legacy Holding Group USA, Inc. Según los argumentos expuestos por la afectada, la producción del evento priorizó la estética visual por encima de las medidas básicas de protección para las concursantes.
Durante una entrevista concedida al programa Good Morning America, la exreina de belleza detalló las condiciones adversas del recinto: “Esta abertura no estaba vallada, iluminada ni señalizada”, declaró, añadiendo que las participantes habían advertido previamente a la producción sobre la excesiva intensidad de los reflectores que cegaban la visibilidad en el área, además de la falta de marcas preventivas en el perímetro.
La modelo enfatizó que cumplió al pie de la letra con las indicaciones del personal técnico antes de dar el paso fatídico: “Me detuve cuando me dijeron que lo hiciera, miré a las cámaras y, cuando me indicaron que siguiera, giré a la izquierda, tal y como me habían indicado”. A raíz de esto, remarcó que existió una clara falta de responsabilidad por parte de los organizadores encargados del montaje escénico y lumínico.
Lesiones severas y un complejo proceso de recuperación
El impacto ocurrió al caer por una abertura de un metro y medio de profundidad que conectaba de manera directa con el equipo de iluminación ubicado en la parte inferior. Pese a que en un inicio las autoridades del certamen emitieron declaraciones minimizando la gravedad del suceso, la condición de la representante jamaicana requirió su traslado urgente a un centro médico.
Los diagnósticos posteriores confirmaron que la modelo sufrió una lesión cerebral traumática con hemorragia subaracnoidea aguda, contusión hemorrágica del lóbulo frontal y hemorragia subdural, además de múltiples contusiones faciales y una fractura ósea. Su hermana, la doctora Phylicia Henry-Samuels, confirmó en su momento que la gravedad de los hematomas y el dolor obligaron a mantenerla bajo observación estricta en la Unidad de Cuidados Intensivos.
El proceso de rehabilitación se extendió por casi un año, periodo durante el cual la afectada enfrentó severos dolores físicos y secuelas neurológicas que la mantuvieron postrada o en silla de ruedas hasta sus reapariciones públicas posteriores.
La postura de la organización y la respuesta legal
Ante la notificación de la demanda, representantes de la empresa internacional señalaron a la revista People que no habían recibido formalmente el expediente, por lo que evitaban emitir comentarios a fondo. Asimismo, deslindaron responsabilidades directas al argumentar que el montaje, el escenario y la seguridad local correspondían a las entidades anfitrionas en Tailandia, específicamente a MGI y Miss Universo Tailandia, bajo la directriz de Nawat Itsaragrisil.
Desde la perspectiva corporativa, la institución afirmó haber cubierto los costos médicos derivados de la emergencia, aun cuando consideraban que dicha obligación recaía en los productores locales. Sin embargo, esta versión fue refutada de inmediato por la defensa legal de la demandante.
Por su parte, Joseph Ciaccio, el abogado de Miss Jamaica, desmintió que la organización haya cumplido con los pagos prometidos y desestimó el argumento de desconocimiento legal esgrimido por los directivos, calificándolo como una estrategia habitual en esta clase de litigios corporativos.


