Empresarios expropiados en la era chavista reclaman sus activos ante la apertura petrolera de Venezuela

El dilema de los antiguos dueños frente a la reactivación petrolera

A sus 98 años, Vincenzo Scionti mantiene intacta su vocación por la industria venezolana. Su historia está profundamente ligada al Lago de Maracaibo, zona donde llegó desde Italia a la edad de 26 años para construir una sólida operación de servicios y logística portuaria. Lo que comenzó como un soporte esencial para embarcaciones evolucionó hasta consolidarse en una compañía familiar multiestructurada.

Sin embargo, toda esa infraestructura fue desmantelada drásticamente tras la intervención estatal ejecutada en 2009, bajo el marco legal impulsado por el entonces presidente Hugo Chávez para nacionalizar los servicios conexos a la estatal Petróleos de Venezuela (Pdvsa). Hoy en día, ante el nuevo panorama de atracción de capital extranjero y flexibilización de sanciones, decenas de antiguos propietarios buscan una vía para integrarse nuevamente al sector.

Infraestructuras clave bajo nuevos operadores internacionales

El caso de Costa Bolívar Construcciones C.A. ilustra con precisión las complejidades de este proceso. Aunque los terrenos y muelles originales continúan registrados legalmente a nombre de sus fundadores originales, las instalaciones pasaron por el control de Pdvsa, operaron bajo esquemas vinculados a intereses rusos y actualmente forman parte del área de influencia de PetroZamora, operada por North American Blue Energy Partners (NABEP).

La situación adquirió un matiz geopolítico y sucesoral de gran relevancia. Aproximadamente el 70% de la compañía se encuentra actualmente en manos de ciudadanos estadounidenses, debido al paso del tiempo y a que los herederos de los socios originales poseen dicha nacionalidad. Esta composición coincide con un momento en el que empresas aliadas y acuerdos recientes contemplan inversiones masivas y planes para duplicar la producción en yacimientos maduros del país sudamericano.

En su etapa de mayor auge, la empresa llegó a gestionar una plantilla directa de 1.300 personas y cerca de 5.000 trabajadores indirectos, abarcando desde diques flotantes hasta plantas de asfalto y centros pioneros de manejo de desechos peligrosos. No obstante, gran parte de esta infraestructura sufrió un deterioro severo, desaparición física o invasiones a lo largo de casi dos décadas.

Una red de reclamaciones sin un mecanismo legal de restitución

El caso de la familia Scionti no es un hecho aislado. Alrededor de 40 compañías de Maracaibo y la Costa Oriental del Lago se han organizado para exigir soluciones concretas tras la derogación del marco legal que amparó aquellas expropiaciones. No obstante, los empresarios denuncian que las normativas posteriores no han definido un procedimiento claro para devolver los bienes intervenidos o compensar adecuadamente a los afectados.

Empresas como Interlago Transport, fundada en 1953 y despojada de sus activos en mayo de 2009 mediante una medida que representó la pérdida del 93% de su patrimonio valorado entonces en unos 27 millones de dólares, enfrentan realidades similares de abandono e inoperatividad. Situaciones idénticas reportan firmas como Marina del Zulia, cuyas instalaciones pasaron a manos de organismos castrenses.

Pese a las reuniones sostenidas con representantes parlamentarios y gremiales, la respuesta institucional sigue sin traducirse en decretos prácticos de restitución. Ante este escenario, los afectados insisten en que su objetivo principal no es recibir una indemnización monetaria aislada, sino reactivar su capacidad productiva.

“Nosotros no estamos esperando un cheque”, afirmó Roberto García, representante de Interlago. “Queremos hacer lo que sabemos hacer y lo que nos gusta hacer por otros 75 años más”, agregó.

Por su parte, las autoridades regionales y gubernamentales han confirmado que las peticiones se encuentran bajo análisis en mesas de trabajo específicas. Mientras tanto, veteranos empresarios como Vincenzo Scionti confían en que las nuevas dinámicas del mercado energético les permitan volver a escuchar el sonido de la maquinaria y los remolcadores en el lago antes de que finalice su trayectoria vital.

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