El secretario de Hacienda Edgar Amador aplazaría reformas fiscales profundas debido al proceso electoral

La elaboración del Paquete Económico sitúa al titular de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público ante una disyuntiva fundamental: aprovechar la coyuntura política para estructurar una estrategia a mediano plazo que sanee las cuentas públicas, o bien apostar por modificaciones graduales que dejen las decisiones estructurales para más adelante. Analistas financieros coinciden en que este ejercicio presupuestal representa la ocasión ideal para enviar una señal de certidumbre a los mercados financieros y ganar tiempo frente a las agencias calificadoras de riesgo, aunque reconocen que el contexto electoral inclinaría la balanza hacia la cautela.

El dilema entre la estabilidad fiscal y la inercia electoral

Para Iván Arias, director de estudios económicos de Banamex, la dimensión política de los comicios incidirá en la falta de soluciones definitivas tanto en el rubro de recaudación como en la reingeniería del gasto, especialmente si se busca proteger la inversión pública. «No vamos a ver muchos cambios, aunque sería lo ideal», señaló el especialista al evaluar las perspectivas del erario.

A pesar de este panorama de continuidad, la administración federal cuenta todavía con un respiro técnico para evitar daños severos en la calificación soberana del país. Según las proyecciones del analista, aun cuando las agencias internacionales decidan modificar la perspectiva crediticia de México durante el próximo periodo, el gobierno dispondrá de un margen de entre 12 y 18 meses para comprobar una ruta viable de consolidación antes de enfrentar una degradación formal en su nota.

«Lo que podría suceder es que el próximo año podría venir un ajuste en la perspectiva», advirtió Arias al referirse al paso previo que suelen dar las agencias evaluadoras antes de modificar el estatus financiero de una nación. Asimismo, agregó: «Se puede caer en tentación de pensar que todavía hay un espacio, aunque lo deseable es darle una solución cuanto antes».

Oportunidad legislativa frente a restricciones presupuestales

Desde la perspectiva de diversos expertos, el calendario legislativo ofrece un escenario propicio para implementar reformas de gran envergadura debido a que el partido oficialista y sus aliados detentan una sólida mayoría en el Congreso de la Unión. Sin embargo, economistas como Marco Oviedo advierten la existencia de barreras de carácter ideológico que frenarían dichos cambios, a pesar de que el margen de maniobra financiero se reduce de forma acelerada ante la presión ineludible del gasto destinado a pensiones, programas sociales y el persistente déficit operativo de Petróleos Mexicanos.

Ante este panorama de rigidez presupuestal, el especialista lanzó una interrogante clave sobre la viabilidad de las finanzas nacionales: «¿De dónde va a salir el extra sin crecimiento ni petróleo, ni eficiencias de recaudación?».

Por su parte, José Luis Clavellina, investigador del Centro de Investigación Económica Presupuestaria (CIEP), estima que la contienda electoral no generará una presión extraordinaria sobre el gasto público, dado que los comicios requerirán un despliegue financiero menor en comparación con el proceso federal previo, lo que refuerza la probabilidad de un presupuesto de carácter eminentemente inercial.

Riesgos latentes ante choques externos y menor crecimiento

Los especialistas advierten que postergar ajustes estructurales no solo eleva la amenaza de perder el codiciado grado de inversión, sino que también deja vulnerables las finanzas del Estado ante eventuales crisis internacionales, similares a las registradas en periodos de alta volatilidad global.

Adicionalmente, si bien el Instituto Nacional de Estadística y Geografía reportó indicios de dinamismo económico con un avance anual estimado en el 2.7% para julio, las proyecciones del mercado difieren considerablemente de las expectativas oficiales de la Secretaría de Hacienda, que ubica el crecimiento en el 2.3%. Diversos analistas financieros prevén un incremento más conservador, cercano al 1.3%, condicionado por los factores de incertidumbre interna y externa que dominan el entorno macroeconómico.

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