El poder de las lecturas y el peso de la cultura en las decisiones humanas
A menudo se suele recordar aquel incómodo momento en que el expresidente mexicano Enrique Peña Nieto fue interrogado durante su visita a la Feria Internacional del Libro de Guadalajara acerca de tres obras literarias que hubieran dejado una huella profunda en su vida. Su incapacidad para dar una respuesta clara desató una ola masiva de burlas en el ámbito popular. Sin embargo, más allá del revés político, aquel episodio revela una dificultad genuina: para cualquier lector ávido, seleccionar únicamente tres volúmenes es una tarea casi imposible, a menos que su bagaje cultural sea sumamente reducido.
La influencia de las lecturas formativas
A pesar de la complejidad de la consigna, resulta innegable que ciertos textos logran transformar la perspectiva personal. En la etapa de la primera juventud, es común caer en dogmatismos e ideologías rígidas que atrapan a los individuos durante décadas. Este fenómeno, observable tanto en ideologías de izquierda como en posturas de derecha, molesta profundamente cuando adopta formas de comunitarismo mesiánico. Desde esa óptica, se explota la compasión natural de los jóvenes para edificar una ficción de paraíso terrenal bajo la tutela de una élite iluminada. A lo largo de más de dos siglos, esta narrativa invariable conduce a la tragedia histórica, alimentando un proselitismo ciego que muta en cinismo conforme se aproxima al poder.
Curiosamente, un proceso similar ocurre en el extremo opuesto del espectro político, aunque transitando por senderos diferentes. El repliegue hacia el conservadurismo religioso no promete un Edén terrenal, sino una sociedad jerárquica, ordenada y hostil al cambio, firmemente subordinada a la figura del hombre fuerte. Los resultados de esta deriva ideológica suelen ser igualmente catastróficos, tal como lo demuestra la historia moderna con numerosos ejemplos documentados.
El impacto de la literatura de Émile Zola
En el plano personal, el texto que logró sacudir esas estructuras mentales durante los años de juventud fue una célebre novela del escritor francés Émile Zola. Publicada originalmente en el idioma galo bajo el título L’Assommoir —término que puede traducirse como garrote, mazo o trampa—, en el mundo hispanohablante se conoció popularmente como La Taberna. Fue precisamente la idea de la trampa social la que marcó una revelación profunda al narrar la historia de Gervaise, una joven seducida y abandonada que, a pesar de sus esfuerzos por salir adelante, permanece atrapada en la miseria debido al peso asfixiante de su entorno social, las costumbres y la crudeza de la cotidianidad.
En su época, la obra recibió duras críticas por su extrema crudeza, un rasgo buscado deliberadamente por el autor. Aunque la crítica tradicional ha interpretado el libro fundamentalmente como una advertencia contra el alcoholismo, el propio Zola rechazó esa lectura simplista. La verdadera genialidad de la novela radica en su ausencia total de moralejas baratas y en su magistral descripción de cómo la cultura condiciona de manera determinante las elecciones de los seres humanos.
Cultura, instituciones y tradiciones
Para comprender el comportamiento de las sociedades, es necesario definir la cultura no como un concepto abstracto, sino como ese entramado complejo de reglas, costumbres y tradiciones que delimitan las opciones disponibles para las personas. Mientras que los economistas contemporáneos suelen reducir este fenómeno al concepto de instituciones —limitándolas muchas veces al marco estricto de las leyes escritas—, las corrientes marxistas y las visiones foucaultianas tienden a subordinar todo análisis al ejercicio absoluto del poder político y económico.
Sin embargo, la realidad cotidiana demuestra que no son los códigos legales ni la fuerza del Estado los factores que delimitan de forma central las decisiones individuales. Por el contrario, estas conductas son derivaciones profundas de los hábitos y tradiciones arraigados a lo largo del tiempo. Un célebre refrán popular resume esta verdad con precisión absoluta: se puede sacar a una persona del barrio, pero jamás se puede sacar el barrio de esa persona. Asimilar esta premisa resulta indispensable para realizar un estudio serio de la economía, la política y la historia de las sociedades humanas.


