El adiós de AT&T en México deja al descubierto un costo operativo anual de hasta 400 millones de dólares
Tras una trayectoria cercana a las doce décadas en el territorio mexicano, la compañía de telecomunicaciones AT&T se prepara para cerrar un ciclo importante, aunque su retirada no extingue los compromisos financieros que exige la infraestructura desplegada. La corporación estadounidense dio a conocer que su filial en el país demanda un flujo constante de recursos para su preservación.
Específicamente, la operación mexicana requiere entre 300 y 400 millones de dólares anuales en inversión de capital, un desembolso que la matriz norteamericana dejará de contemplar dentro de su planeación financiera en cuanto se formalice la transferencia de sus activos al consorcio integrado por Grupo Televisa y Fintech Holdings.
Un relevo corporativo valorado en dos mil millones de dólares
La revelación financiera se dio a conocer durante el informe de resultados correspondiente al tercer trimestre del ejercicio fiscal. Pascal Desroches, director financiero de la corporación, puntualizó que una parte sustancial de la contracción prevista en los gastos de capital para los próximos años deriva directamente de la desincorporación del mercado mexicano.
Esta cifra dimensiona con precisión los requerimientos técnicos que heredarán los nuevos dueños, quienes deberán garantizar un flujo constante de dinero para conservar la competitividad de la red móvil. El anuncio de la compraventa, oficializado a mediados de octubre, contempla una transacción valuada en 2,000 millones de dólares en efectivo al cierre, además de diversos ajustes contractuales sujetos al visto bueno de los organismos regulatorios.
Mientras las autoridades gubernamentales evalúan la operación, la empresa estadounidense continúa consolidando sus números en la región. Durante su última presentación ante inversionistas, Desroches subrayó que la corporación recortará su gasto global de capital en aproximadamente 1,000 millones de dólares, canalizando los remanentes hacia la expansión de fibra óptica y servicios avanzados dentro del mercado norteamericano.
Resultados financieros al alza frente al desafío de la infraestructura
La transferencia de la compañía se concreta en un escenario donde las métricas comerciales muestran un desempeño positivo. De acuerdo con los reportes financieros más recientes, AT&T México registró ingresos por 1,240 millones de dólares, lo que representa un incremento anual del 13.2% en comparación con el ejercicio anterior.
Paralelamente, la utilidad operativa experimentó un repunte significativo al pasar de 22 millones a 45 millones de dólares, mientras que el EBITDA operativo se situó en cerca de 236 millones de dólares. No obstante, este crecimiento operativo viene acompañado de mayores costos por depreciación y amortización, los cuales escalaron hasta los 191 millones de dólares, reflejando el desgaste natural y la magnitud de los activos tecnológicos en funcionamiento.
Especialistas en el sector industrial apuntan que la estructura financiera diseñada para la adquisición incluye esquemas de crédito especializados. Esta ingeniería busca proteger la estabilidad de los compradores, aunque impone sobre la nueva entidad la obligación ineludible de generar liquidez suficiente para amortizar sus compromisos crediticios y sostener el ritmo de actualización tecnológica que demanda el mercado.
El balance de una década de apuestas en el mercado nacional
La salida de la firma estadounidense contrasta con el despliegue financiero realizado desde su llegada en 2015. En sus primeros nueve años de presencia ininterrumpida, la empresa acumuló una inyección superior a los 10,000 millones de dólares orientada a la modernización tecnológica, el despliegue de cobertura y la atención al consumidor.
Gracias a esta estrategia de largo aliento, la compañía logró estructurar una base cercana a los 24.7 millones de suscriptores hacia finales de 2025, posicionándose como un actor fundamental en la industria móvil del país. Ahora, la estafeta pasará a manos de nuevos administradores, quienes tendrán el reto prioritario de administrar una red que exige recursos millonarios de manera permanente para no perder terreno frente a sus competidores.


