Estabilidad en la Secretaría de Hacienda pese a las especulaciones
Frente a las recientes especulaciones sobre su posible salida y las dudas manifestadas por distintos sectores financieros respecto a la consolidación fiscal del país, Edgar Amador Zamora no tiene contemplado abandonar la titularidad de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP). De acuerdo con fuentes cercanas a las discusiones internas de la dependencia, el funcionario prevé mantenerse en el cargo, al menos, hasta el año 2028.
La permanencia del secretario se sustenta en la expectativa de que las proyecciones económicas incluidas en el Paquete Económico actual —que se debate en el Poder Legislativo— logren una mayor sincronía con las demandas del mercado. Estas estimaciones, caracterizadas por ser más prudentes, buscan consolidar su posición al interior del gabinete federal.
Asimismo, el horizonte fijado hacia 2028 adquiere relevancia debido a que diversas agencias calificadoras podrían emitir evaluaciones sobre la nota crediticia soberana, un hito que marcará el pulso de la economía nacional a mediano plazo.
Ajuste en las previsiones macroeconómicas y el mensaje a los inversionistas
Durante el pasado mes de septiembre, la dependencia federal modificó sus criterios generales de política económica. Las proyecciones de crecimiento del Producto Interno Bruto para el cierre de este ejercicio pasaron de un intervalo inicial de 1.8% a 2.8% a uno más moderado de 1.0% a 2.0%. Del mismo modo, para el año 2027, la estimación se redujo desde un rango previo de 1.9% a 2.9% para situarse entre 1.5% y 2.5%.
Fuentes al interior de la SHCP calificaron esta modificación como una señal directa hacia los mercados financieros. «Fue un ajuste importante, pero más que eso, es un guiño para el mercado de que presenta un presupuesto con un esfuerzo más realista y austero», explicaron.
Los desafíos para reactivar la economía y la inversión privada
Para apuntar el crecimiento financiero, la estrategia de la dependencia confía en detonar una mayor inversión apalancada en recientes reformas legales, modificaciones regulatorias y una recaudación tributaria eficiente que no contempla la implementación de una nueva reforma fiscal.
No obstante, estas metas enfrentan condicionantes adversas derivadas de la cautela del sector empresarial. Los inversionistas mantienen reservas ante la incertidumbre en torno a la relación comercial bilateral con Estados Unidos, los recientes cambios en el marco jurídico nacional y los problemas de seguridad en las rutas terrestres del país.
Esta atmósfera de cautela se refleja en los indicadores del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi). Los registros de confianza empresarial acumulan 19 meses consecutivos por debajo de los 50 puntos, umbral que separa el optimismo de la zona de contracción.
Analistas económicos advierten que el consumo interno experimentará una desaceleración durante la segunda mitad del año, lo que obligará a que el dinamismo del PIB dependa casi en su totalidad de la inversión. Las cifras mixtas recientes revelan un avance anual del 6% en la inversión fija bruta, frente a un crecimiento de apenas el 1% en el consumo privado y señales de estancamiento general.
Ante este panorama, la continuidad de los flujos de inversión privada será determinante, especialmente ante el agotamiento del margen fiscal gubernamental. Sin embargo, organismos como el Fondo Monetario Internacional (FMI) y las encuestas del Banco de México estiman que el crecimiento potencial del país rondará tasas modestas de alrededor del 2% anual durante la próxima década, condicionado además por rezagos estructurales históricos como la informalidad laboral y las deficiencias educativas.


