Descartan que la deuda pública nacional represente una crisis fiscal pese a su constante incremento
El panorama financiero de México enfrenta un debate constante en la esfera pública debido al crecimiento proyectado de sus compromisos económicos. De acuerdo con las estimaciones oficiales, la deuda pública total calculada como proporción del Producto Interno Bruto experimentará un repunte significativo al pasar de 44.5 por ciento en 2017 hasta alcanzar un 55 por ciento en 2027, lo que representa un incremento acumulado de 10.5 puntos porcentuales en el transcurso de una década.
Ante este escenario, el secretario de Hacienda, Édgar Amador Zamora, admitió públicamente que la trayectoria ascendente de los pasivos despierta inquietud en diversos sectores. Sin embargo, el funcionario federal enfatizó que los parámetros financieros del país se mantienen en una situación favorable y competitiva si se les contrasta con los de otras naciones que poseen un grado de desarrollo socioeconómico similar.
La perspectiva oficial frente al debate público
Durante su participación en el North Capital Forum, el titular de la dependencia federal abordó las inquietudes más recurrentes entre analistas y ciudadanos sobre la estabilidad macroeconómica del país.
“Esto es lo que escuchan en la conversación pública: que la deuda de México podría representar un problema como porcentaje del PIB”, enfatizó.
Asimismo, el funcionario explicó que una proporción considerable del incremento observado en la relación deuda-PIB responde de manera directa a la revisión a la baja aplicada recientemente sobre las cifras oficiales del Producto Interno Bruto por parte del Instituto Nacional de Estadística y Geografía, un factor técnico que altera las proporciones matemáticas sin modificar la realidad de los pasivos.
“México está en una posición bastante favorable, justo por debajo del promedio de la mayoría de las economías desarrolladas”, destacó al exponer los detalles de las proyecciones económicas vigentes.
“Nuestros indicadores de deuda no son tan desfavorables en comparación con economías similares, con un grado de desarrollo parecido”, agregó.
Estrategia fiscal y reducción del déficit
En el ámbito estrictamente fiscal, la Secretaría de Hacienda y Crédito Público anticipa una disminución sostenida del déficit amplio. Este indicador, evaluado a través de los Requerimientos Financieros del Sector Público, descenderá por tercer año consecutivo al pasar de 5.8 por ciento del PIB para ubicarse en 4.1 por ciento en 2026 y descender aún más hasta el 3.9 por ciento en 2027.
El propósito fundamental de esta política, según detalló Amador Zamora, consiste en asegurar una convergencia fiscal gradual que conduzca a un déficit de alrededor de 3 por ciento del PIB, estableciendo las bases para mantener cifras incluso inferiores durante los próximos ejercicios fiscales.
Respecto al balance primario, el gobierno federal proyecta alcanzar un superávit equivalente al 0.1 por ciento del PIB durante el presente año, cifra que mejorará hasta el 0.5 por ciento en 2027. Esta condición financiera garantiza que los ingresos tributarios y petroleros superarán los gastos operativos del Estado antes de cubrir el costo financiero de los intereses de la deuda.
Adicionalmente, el responsable de las finanzas públicas resaltó el impacto positivo derivado del saneamiento financiero en Petróleos Mexicanos. La deuda de la empresa productiva del Estado se contrajo de manera notable al pasar de representar un 9 por ciento del PIB a un nivel de 3.5 por ciento, evolución que favoreció la revisión favorable de sus notas crediticias.
En lo referente a la deuda soberana de la nación, el secretario recordó que las ocho agencias calificadoras internacionales que evalúan el riesgo crediticio del país conservan al Estado dentro del codiciado grado de inversión, un estatus que la administración actual pretende blindar mediante una prudente gestión fiscal.
Proyecciones macroeconómicas para el cierre de la década
Para el año 2027, las autoridades económicas anticipan un ritmo de crecimiento para el PIB que oscilará entre el 1.5 y el 2.5 por ciento, fijando un punto medio estimado de 2 por ciento, acompañado por una convergencia inflacionaria hacia una tasa anual de cierre del 3 por ciento.
El marco macroeconómico también contempla una tasa de rendimiento para los Cetes a 28 días situada en el 6 por ciento, junto con un tipo de cambio estimado en 18 pesos por dólar al concluir el próximo año. Finalmente, las estimaciones incorporan un precio promedio para la mezcla mexicana de exportación fijado en 61.8 dólares por barril y un déficit de cuenta corriente equivalente al 0.6 por ciento del PIB.


