Los orígenes y la polémica estructura de la residencia en Zihuatanejo
Durante la década de los setenta, la figura de Arturo ‘El Negro’ Durazo, quien entonces se desempeñaba como el máximo jefe policial de la capital del país, acaparó reflectores no solo por su ejercicio en la seguridad pública, sino por los ostentosos bienes inmuebles que acumuló. Entre ellos destacó una imponente propiedad de playa edificada en el municipio guerrerense de Zihuatanejo, bautizada popularmente como El Partenón debido a su marcada inspiración en el clásico estilo grecorromano.
Emplazado de manera estratégica en la parte alta de un cerro colindante con Playa La Ropa, este complejo se extendía a lo largo de 20 mil metros cuadrados. Los registros históricos apuntan a que su edificación requirió una inversión inicial cercana a los 700 millones de pesos de aquella época, una cifra que evaluaciones posteriores elevaron hasta los 30 millones de dólares en valor comercial estimado.
De acuerdo con las investigaciones del cronista municipal Rodrigo Campos Aburto, los terrenos sobre los cuales se levantó la mansión pertenecían originalmente a un ejido expropiado por el gobierno federal para constituir el Fideicomiso Bahía de Zihuatanejo. No obstante, los posesionarios originales terminaron por transferir sus derechos de forma directa a Arturo Durazo y a su esposa, Silvia Garza, en diciembre de 1976. Para 1980, el propio fideicomiso avaló la construcción del complejo habitacional mediante un acuerdo marcado por irregularidades, ya que el ayuntamiento local otorgó la licencia de obra sin efectuar cobros por impuestos ni derechos bajo el argumento de supuestos servicios prestados a la comunidad.
Excentricidades, mitos y el imponente acceso principal
La atmósfera de opulencia y poder comenzaba desde los linderos de la propiedad. Quienes se acercaban al perímetro se encontraban con un monumental portón de hierro forjado de 15 metros de ancho por 10 de alto, el cual desataba múltiples especulaciones sobre su procedencia. Mientras algunas versiones señalaban que guardaba similitud con la puerta principal de la residencia presidencial de Los Pinos, otras teorías urbanas apuntaban a que las rejas provenían originalmente del Zoológico de Chapultepec o incluso del Castillo de Chapultepec.
Una vez cruzado el acceso, el interior del inmueble albergaba detalles arquitectónicos y decorativos poco convencionales para la época. La estructura principal contaba con una mesa de mármol tallada a partir de una sola pieza, camas colgantes, espejos distribuidos en los techos y un área de discoteca conceptualizada bajo la estética del emblemático Studio 54.
Alrededor de la residencia también se tejieron diversas leyendas urbanas. Entre las más populares destacaba la existencia de una bodega acondicionada con barrotes metálicos destinada a albergar animales exóticos, tales como leones y tigres, los cuales presuntamente formaban parte de las mascotas del jefe policiaco. Asimismo, circulaban rumores sobre la supuesta construcción de un túnel subterráneo que conectaría la mansión directamente con la franja costera, aunque los especialistas posteriores determinaron que únicamente existían pequeños conductos de servicio vinculados al sistema de la alberca.
El abandono, la expropiación y su transformación en centro cultural
La época de esplendor de la propiedad duró poco tiempo. En 1982, tras la caída política de Durazo y su posterior huida de las autoridades mexicanas, el complejo quedó completamente deshabitado. Durante los años siguientes, el inmueble sufrió un acelerado proceso de deterioro marcado por el saqueo sistemático, pintas de grafiti en los muros y la pérdida de piezas escultóricas icónicas, como una figura de sátiro en bronce que adornaba la mesa central de mármol.
Ante la situación de abandono, el gobierno del estado de Guerrero emitió un decreto en 1989 para expropiar formalmente el terreno con la intención de destinarlo a un uso social múltiple; sin embargo, transcurrieron varios años sin que se destinaran recursos económicos para su rescate. El conflicto legal escaló en 2004, cuando el albacea de la familia del exfuncionario promovió recursos jurídicos para revertir la expropiación, un litigio que finalmente resolvió la Suprema Corte de Justicia de la Nación a favor de la administración estatal.
Tras décadas de disputas legales y deterioro material, el rumbo del sitio cambió de manera radical. Después de formalizar un comodato con el gobierno local, el espacio experimentó un profundo proceso de rehabilitación integral que culminó con la apertura oficial del Centro Turístico Cultural El Partenón. De este modo, un sitio concebido originalmente como muestra de los abusos de poder y la corrupción gubernamental cerró su ciclo oscuro para convertirse en un punto de encuentro destinado a la difusión del arte y la cultura en la región.


