De desierto tóxico a pulmón verde: así renace el antiguo lecho del mar de Aral

Durante la década de 1960, el mar de Aral se consolidó como el cuarto lago más grande del planeta, abarcando una superficie cercana a los 68,042 kilómetros cuadrados. Sin embargo, una decisión geopolítica impulsada por las autoridades soviéticas alteró su destino de forma irreversible: el desvío de los caudales de los ríos Amu Daria y Sir Daria mediante extensas redes de canales de riego para potenciar la agricultura algodonera en Asia Central.

La transformación en el desierto de Aralkum

El impacto ecológico no tardó en manifestarse. Para principios de los años 90, la masa de agua se había fragmentado y, hacia 2004, su volumen original se desplomó un 91%, dando origen al árido desierto de Aralkum, una vasta extensión de sedimentos salinos y residuos químicos. Ante la imposibilidad técnica de reabastecer el cuerpo acuífero debido a la infraestructura existente y la elevada demanda agrícola, las naciones de la región optaron por una estrategia de mitigación aérea y terrestre.

En el año 2018, bajo la administración del presidente Shavkat Mirziyoyev, Uzbekistán impulsó una estrategia integral enfocada en contrarrestar las constantes tormentas de polvo tóxico que afectaban a las comunidades locales. El eje central de esta iniciativa consiste en la plantación masiva de saxaul, un arbusto xerófilo nativo capaz de prosperar en suelos con concentraciones extremas de salinidad.

Reforestación a gran escala contra la erosión

Esta especie vegetal cuenta con adaptaciones morfológicas idóneas para soportar las condiciones climáticas extremas de la zona, destacando por sus raíces pivotantes que alcanzan profundidades de entre 10 y 15 metros. Diversos análisis técnicos indican que un solo ejemplar maduro es capaz de fijar de dos a cuatro toneladas de arena, frenando eficazmente la degradación del terreno y la dispersión de partículas nocivas.

Los trabajos de revegetación combinan métodos manuales y mecanizados. Para mediados de 2024, los registros gubernamentales documentaban más de 1.73 millones de hectáreas cubiertas de vegetación en el lecho desecado, con la previsión de incorporar medio millón de hectáreas adicionales en el corto plazo. Las labores movilizan a cientos de pobladores locales y brigadas forestales, apoyados por maquinaria agrícola y fumigación aérea de semillas.

Los desafíos climáticos persistentes

A pesar de la expansión de la superficie verde, la comunidad científica advierte sobre las limitaciones de la iniciativa. En entrevista con el medio Mongabay, Turaxon Ziyotov, investigador del Instituto de Investigación Forestal de Taskent, detalló: «la supervivencia del saxaul alcanza entre 50% y 70% durante ciclos con lluvias regulares, pero cae hasta un 30% en temporadas secas».

La escasez hídrica crónica continúa representando el principal obstáculo para consolidar un ecosistema forestal maduro en la región, lo que demuestra que la recuperación ambiental del antiguo mar de Aral sigue enfrentando un panorama incierto y sujeto a las fluctuaciones climáticas.

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