Ottawa responde con aranceles compensatorios
El primer ministro canadiense, Mark Carney, confirmó que su administración impondrá aranceles de represalia a mercancías estadounidenses por un monto de 20 mil millones de dólares. Esta decisión, con entrada en vigor prevista para el 8 de septiembre, profundiza notablemente la crisis diplomática y económica entre ambas naciones norteamericanas.
“Damos este paso a regañadientes”, expresó Carney ante los medios de comunicación en Ottawa, al admitir que esta estrategia incrementará los precios internos, limitará las alternativas de consumo y afectará tanto a corporaciones como a ciudadanos del país vecino.
La medida surge como respuesta directa al fracaso de las conversaciones bilaterales, lo que motivó a Washington a aplicar un gravamen del 50 por ciento a diversos bienes provenientes de territorio canadiense, tales como madera contrachapada, bebidas alcohólicas, dispositivos eléctricos y artículos deportivos.
“Estás en guerra cuando te atacan”, puntualizó el mandatario ante la prensa. “Nos atacaron”.
Del intento conciliador a la confrontación directa
Durante los primeros meses de su gestión, el jefe de gobierno apostó por una diplomacia moderada, revirtiendo medidas proteccionistas previas y eliminando gravámenes digitales que generaban fricciones con la Casa Blanca. Sin embargo, estas acciones no frenaron la política arancelaria impulsada por la administración estadounidense.
Ante este escenario, el gobierno canadiense ha retomado un esquema de respuesta simétrica, aplicando gravámenes compensatorios equivalentes sobre sectores estratégicos como el acero, los productos lácteos, la maquinaria agrícola, los electrodomésticos y los artículos electrónicos procedentes de Estados Unidos.
Especialistas advierten que esta escalada arancelaria pone en riesgo una relación de intercambio bilateral que el año pasado superó los 900 mil millones de dólares en bienes y servicios, abriendo la puerta a un conflicto comercial prolongado.
Motivos del quiebre en las negociaciones
El colapso del diálogo se debió a diversos desacuerdos fundamentales, entre ellos la imposición de un arancel de 25 por ciento a los componentes no estadounidenses en la industria automotriz. Pese a que se analizó reducir dicha tasa, las autoridades estadounidenses se negaron a extender la exención a los camiones medianos y pesados.
Asimismo, Carney señaló que la contraparte intentó restringir la autonomía comercial de su país frente a terceros mercados e introdujo exigencias inaceptables vinculadas a cuestiones culturales y lingüísticas.
La tensión actual también complica el panorama del tratado comercial regional, el cual se encuentra bajo un proceso de revisión periódica tras los recientes desencuentros políticos.
Estrategia energética y presión política
En el plano interno, la postura gubernamental ha recibido el respaldo de diversos líderes provinciales, como el primer ministro de Ontario, Doug Ford, quien sugirió focalizar las medidas punitivas en estados políticamente estratégicos para Washington, tales como Florida, Texas, Iowa y Wisconsin.
Por su parte, las encuestas reflejan un respaldo mayoritario de la ciudadanía hacia una postura firme frente a las presiones externas. Un sondeo reciente de Leger Marketing indicó que el 56 por ciento de los consultados apoya que el Ejecutivo mantenga su negativa a realizar nuevas concesiones.
Mientras tanto, sectores de la sociedad civil continúan implementando acciones de protesta de manera independiente, reduciendo los desplazamientos hacia el país vecino y optando por el boicot a mercancías norteamericanas, lo que ya genera repercusiones negativas en las economías de los estados fronterizos y zonas turísticas de Estados Unidos.


