Un desbalance que se profundiza en el sector energético
La economía mexicana atraviesa un complejo escenario en su sector energético, reflejado en un significativo desequilibrio comercial durante los primeros tres tramos del año. De acuerdo con los registros divulgados por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), el país acumuló un déficit petrolero de US$25.684 millones entre enero y septiembre de 2026.
Este indicador refleja una brecha considerable entre los ingresos obtenidos por las ventas al exterior y el desembolso económico requerido para abastecer el mercado interno mediante compras internacionales. Dicha situación financiera supera los registros negativos observados en idénticos ciclos de 2024 y 2025, evidenciando una presión persistente sobre las finanzas nacionales vinculadas a los hidrocarburos.
El impacto del incremento en las importaciones
El principal motor de este desbalance radica en la fuerte expansión de las compras externas de energéticos. Las importaciones petroleras ascendieron a US$42.035 millones, lo que representa un crecimiento de 19% en los primeros nueve meses de este año en comparación con el ejercicio anterior.
Mientras que la nación exporta principalmente petróleo crudo, se ve en la necesidad de adquirir en el extranjero combustibles de uso intermedio, tales como gas natural destinado a la generación de electricidad, además de bienes de consumo petrolero esenciales como gasolinas, gas butano y propano.
En contraparte, las exportaciones petroleras se ubicaron en US$16.351 millones, experimentando una caída de 0,2% en el mismo periodo, lo que demuestra el estancamiento en la capacidad de generación de divisas por la vía de la venta de crudo fuera de las fronteras.
Contexto de la política energética y balanza general
Ante este panorama, la administración encabezada por la presidenta Claudia Sheinbaum ha dado continuidad a la estrategia de autosuficiencia energética impulsada por su predecesor, Andrés Manuel López Obrador. Dentro de los planes gubernamentales figura la intención de disminuir la dependencia del gas natural importado desde Estados Unidos, evaluando incluso la utilización de la fracturación hidráulica o fracking, una técnica de extracción que genera debates debido a sus implicaciones ambientales y sociales.
A pesar del rojo en el sector petrolero, la balanza comercial general de México mostró matices interesantes. La nación reportó un superávit comercial de US$9.254 millones de enero a septiembre, revirtiendo el déficit registrado en el mismo tramo del año previo, aunque en el noveno mes del año se concretó un déficit mensual de US$606 millones durante septiembre.
Composición del comercio exterior mexicano
El análisis de la estructura del valor de las exportaciones de mercancías demuestra una abrumadora dependencia del sector secundario avanzado, concentrándose en bienes manufacturados con 92,3%. Muy por detrás se ubicaron los productos extractivos no petroleros con un 2,6%, los bienes petroleros con un 2,6% y los productos agropecuarios con un 2,5%.
Por el lado de las adquisiciones internacionales, la estructura del valor de las importaciones estuvo dominada por los insumos productivos: los bienes de uso intermedio representaron el 80,4%, seguidos por los bienes de consumo con un 12,5%, y finalmente los bienes de capital con un 7%.


