Alarma en la Ciudad de México: el Centro Histórico registra un hundimiento anual de hasta 40 centímetros, según la UNAM
La estabilidad de la capital del país enfrenta una seria amenaza estructural de acuerdo con recientes evaluaciones académicas. El corazón de la urbe padece un hundimiento que alcanza hasta 40 centímetros al año, un fenómeno acelerado de manera constante durante las últimas dos décadas debido a la sobreexplotación de los mantos acuíferos y la consecuente compactación de las capas de arcilla que conforman el subsuelo lacustre, según advirtió Raúl Alberto Silva Aguilera, investigador del Instituto de Geología de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).
Durante su participación en la conferencia magistral titulada “Más allá de flujos de agua: el Sistema Cutzamala y su complejidad en la gestión hídrica”, organizada en las instalaciones del Instituto de Ciencias de la Atmósfera y Cambio Climático (ICAyCC), el especialista profundizó en la compleja realidad hidrológica que atraviesa la zona metropolitana. La metrópoli experimenta una profunda paradoja urbana: se inunda y simultáneamente se hunde, a pesar de estar edificada sobre lo que fuera el vaso de un gran lago, al tiempo que depende de redes de abastecimiento foráneas para cubrir sus necesidades básicas.
El especialista detalló que aproximadamente el 70 por ciento del suministro de agua potable consumido en la Ciudad de México se extrae directamente de pozos subterráneos. Esta extracción masiva altera de forma drástica las condiciones geomecánicas del terreno, facilitando el aplastamiento y la compactación de los sedimentos arcillosos, lo que se traduce directamente en el acelerado hundimiento de la superficie.
Asimismo, el experto puntualizó que este proceso geológico resulta prácticamente irreversible, ya que las formaciones de arcilla pierden su estructura porosa original y difícilmente recuperan su volumen inicial tras ser comprimidas. Esta situación plantea retos monumentales para la planeación urbana y la conservación del patrimonio arquitectónico, especialmente en zonas de alta concentración histórica que continúan dependiendo de la extracción de recursos hídricos locales.
La drástica transformación histórica de la cuenca
En el pasado, mucho antes de la masiva expansión de la mancha urbana y el desarrollo inmobiliario actual, la Cuenca de México funcionaba bajo un delicado equilibrio ecológico alimentado por 48 ríos que descendían de manera natural hacia el antiguo Lago de Texcoco. Sin embargo, la urbanización desmedida modificó radicalmente los cauces, alteró el funcionamiento hidrológico de la región y destruyó superficies clave destinadas a la recarga natural de los mantos acuíferos.
El agua subterránea forma parte de un ciclo sumamente dinámico cuyos movimientos pueden tardar décadas, siglos o milenios en completarse. Al intervenir este delicado equilibrio mediante la extracción intensiva, se reduce el soporte líquido que mantiene la estabilidad del subsuelo. Silva Aguilera insistió en que las repercusiones ambientales y estructurales de estas acciones son sumamente complejas de revertir a corto o mediano plazo.
El papel estratégico del Sistema Cutzamala
La urgente necesidad de buscar fuentes de abastecimiento externas impulsó la creación de grandes obras de infraestructura hidráulica para la capital mexicana. La construcción del Sistema Cutzamala comenzó en 1976, integrando una red monumental compuesta por presas de almacenamiento, complejas estaciones de bombeo y plantas potabilizadoras destinadas a trasladar el recurso a lo largo de largas distancias.
De acuerdo con las estimaciones presentadas por el investigador de la UNAM, este sistema aporta actualmente el 25 por ciento del agua que recibe de manera cotidiana la Ciudad de México. No obstante, este suministro implica un enorme costo energético y logístico, ya que el líquido debe ser elevado a más de mil metros de altura para poder cruzar las barreras montañosas que rodean al Valle de México.
Finalmente, el académico subrayó que la solución a los desafíos hídricos actuales exige una estrecha coordinación interinstitucional que involucre a los distintos órdenes de gobierno, a los organismos operadores de agua, a las comunidades locales y a la comunidad científica. Destacó también que la administración del Sistema Cutzamala debe contemplar de forma integral a las cuencas expuestas, debido a que su explotación genera impactos direct tanto en las regiones de origen como en las zonas de destino.


