Por qué el gasto de las familias se mantiene como el pilar financiero de Colombia

Un motor económico que desafía la coyuntura nacional

Durante un periodo complejo caracterizado por tasas de interés de doble dígito, una inflación persistente al alza, afectaciones climáticas en la actividad productiva y un sector constructor rezagado en terreno negativo, el mercado interno colombiano ha encontrado un soporte inesperado. Lejos de contraerse, el gasto de las familias se consolidó como el principal motor de la expansión económica durante 2026 y se proyecta que mantendrá una posición protagónica en 2027.

Las estimaciones más recientes de los analistas financieros describen este fenómeno como una fortaleza inusual frente a los indicadores macroeconómicos tradicionales. Los expertos del sector financiero calculan que este indicador pueda crecer 2,7% este año, respaldado por flujos de dinero constantes y un mercado laboral que exhibe tasas de desocupación históricamente reducidas. De cara a los próximos periodos, se anticipa que la demanda interna mantenga una variación positiva superior al 2%, apuntalada principalmente por el buen momento del comercio minorista y la prestación de servicios.

El contraste con la industria y la construcción

La diferencia entre el comportamiento de los hogares y el resto de los sectores productivos nacionales resulta evidente. Mientras que las líneas de manufactura registraron caídas anuales del 3,7% en el octavo mes del año y las licencias de edificación se contrajeron un 10%, el comercio al por menor mostró un incremento del 7,3% en ese mismo periodo, acumulando un promedio positivo del 10,9% en el consolidado anual.

Esta resistencia del consumo frente a un escenario macroeconómico adverso encuentra su principal explicación en la solidez de los recursos disponibles. Informes especializados enumeran múltiples factores de apoyo, tales como la contención del desempleo, las transferencias monetarias estatales, los ajustes significativos al salario mínimo, la recepción de remesas y un ciclo favorable en materias primas como el oro, el café y el cacao.

Registros oficiales de la autoridad monetaria indican que los consumidores disponen actualmente de un 27% más de ingresos en comparación con el periodo prepandemia, mientras que sus niveles de endeudamiento apenas se han incrementado en un 2%. Complementariamente, instituciones como BBVA Research apuntan que el flujo de remesas familiares representa aproximadamente el 4% del ingreso disponible de los hogares en el territorio nacional.

El optimismo también se refleja en la percepción de los compradores. El Índice de Confianza del Consumidor se situó en 15,7 puntos durante septiembre, acumulando un año entero en terrenos positivos de doble dígito, al tiempo que la intención de adquirir bienes durables escaló hasta los 8,1 puntos.

Prudencia financiera y menor dependencia del endeudamiento

Una diferencia sustancial respecto al auge económico posterior a la emergencia sanitaria radica en que el incremento actual en las transacciones no está respaldado por pasivos desmedidos. A pesar de que la facturación mediante tarjetas de crédito muestra un repunte real del 23,7% anual, los compradores prefieren evitar diferir los pagos a plazos largos. Ante costos financieros que superan el 21%, el 45% de las compras se liquida a una sola cuota, contrastando con el 34% registrado años atrás.

Asimismo, la calidad de la cartera crediticia experimentó una mejoría notable. El índice de morosidad en tarjetas de crédito descendió hasta situarse cerca del 4,8%, alejándose de los niveles de estrés que oscilaban entre el 9% y el 10% en el pasado.

Perspectivas moderadas pero firmes para el próximo año

Las proyecciones económicas coinciden en que la demanda de las familias experimentará una ligera desaceleración para el año venidero, aunque conservará su rol central en la actividad nacional. Entidades financieras calculan que el consumo privado pasará de registrar un 2,7% a un 2,2%, afectado por una menor euforia en la adquisición de bienes duraderos.

Por su parte, los análisis de BBVA Research anticipan un avance del 3,0% para el presente ejercicio y de un 2,7% para el año siguiente, en un contexto donde el gasto gubernamental moderará su ritmo de expansión de forma pronunciada, pasando del 9,7% al 3%. Esta retirada del sector público deja a las familias como el soporte más confiable de la demanda agregada, mientras la inversión privada retoma su dinamismo habitual.

Sin embargo, el escenario económico no está exento de vulnerabilidades. Los analistas prevén que la inflación cierre el periodo anual en niveles cercanos al 6,8% y que la tasa de interés de intervención se ubique en el 12,50%. Si el incremento de los precios, el costo del dinero y la desocupación reducen de manera drástica el poder de compra, la dinámica actual podría modificarse de forma imprevista. Por el momento, el consumo interno continúa siendo el principal sostén del crecimiento económico proyectado para el país.

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