Analizando la verdadera dimensión del reciente repunte cambiario frente al dólar
Durante las últimas semanas, las alertas financieras se encendieron ante la percepción generalizada de que el dólar experimentó un incremento desmedido. El peso mexicano acumuló cinco semanas consecutivas de pérdidas, ubicándose como la moneda más depreciada a nivel global durante septiembre, mientras que el tipo de cambio tocó los 18.60 pesos por dólar, su marca más elevada desde noviembre del año previo.
La rapidez del fenómeno fue innegable. A comienzos de septiembre, la divisa norteamericana se cotizaba en torno a los 16.90 pesos, para trepar hasta los 18.40 pesos en un lapso de seis semanas. Esto representa un salto cercano al 9 por ciento en mes y medio, un movimiento abrupto que suele acaparar las conversaciones cotidianas y generar inquietud en los mercados.
Velocidad versus distancia en el mercado cambiario
No obstante, los expertos sugieren separar dos conceptos que con frecuencia se confunden: la velocidad y la distancia. Una cosa es la rapidez con la que se desplaza el tipo de cambio y otra muy distinta el nivel absoluto que alcanza al final del trayecto.
Al ampliar la perspectiva, el panorama cambia notablemente. El tipo de cambio oficial cerró en 18.42 pesos por dólar, mientras que el 31 de diciembre de 2025 había finalizado en 18.00 pesos. Esto significa que en el transcurso del año, a pesar del repunte reciente, el dólar se ha encarecido apenas un 2.4 por ciento.
Si la evaluación se realiza frente al promedio del año pasado, el resultado resulta aún más contrastante: durante 2025, el dólar costó en promedio 19.20 pesos, lo que sitúa la cotización actual un 4 por ciento más barata que aquel referente anual.
Una perspectiva histórica que sorprende
Mirando un poco más atrás, a mediados de octubre de 2023, la paridad cambiaria rondaba los 18 pesos, una cifra prácticamente idéntica a la actual. Hace dos años, en octubre de 2024, se situaba en 19.83 pesos, lo que implica que el dólar actual es un 7 por ciento más económico. Al remontarnos a cinco años atrás, en octubre de 2021, el valor era de 20.18 pesos, reflejando una reducción de casi el 9 por ciento en la actualidad.
En contra de la impresión general, tras el episodio cambiario más comentado del periodo, el dólar en México se mantiene por debajo de los niveles observados dos y cinco años atrás. Tomando en cuenta la inflación acumulada en ese lustro, el peso conserva una apreciación real importante frente a la divisa estadounidense.
La ironía radica en que hace pocos meses la preocupación principal era opuesta: con el dólar por debajo de los 17 pesos, el debate se centraba en la excesiva fortaleza del peso y el impacto negativo sobre los márgenes de los exportadores. El péndulo de la opinión pública suele moverse con mayor rapidez que las propias tendencias financieras.
El papel de las tasas de interés y el carry trade
La sensación de vértigo responde a que los mercados reaccionan ante el velocímetro y no ante el odómetro. Durante gran parte del año, las inversiones denominadas en pesos ofrecieron altos rendimientos mediante la estrategia conocida como carry trade, atrayendo capitales y llevando el tipo de cambio hacia el piso de 16.90 pesos visto al iniciar septiembre.
Sin embargo, dicho diferencial se ha estrechado. En Estados Unidos, la inflación anual repuntó al 3.7 por ciento y la Reserva Federal ajustó su tasa de referencia, mientras que en México las tasas se han mantenido en pausa en el 6.50 por ciento, abriendo la posibilidad de futuros recortes. Menos incentivo para permanecer en pesos se traduce directamente en un menor apetito por la moneda local.
Ganadores y perdedores de un tipo de cambio más alto
Un ajuste en el tipo de cambio no constituye una crisis generalizada ni una solución absoluta, sino un proceso de redistribución económica. En el sector de los beneficiados destacan los millones de hogares que dependen de las remesas, un flujo que representa cerca del 4 por ciento del Producto Interno Bruto. Cada dólar recibido se intercambia ahora por una cantidad superior de pesos, funcionando como un soporte oportuno para las familias.
Asimismo, los exportadores, la industria maquiladora y el sector turístico obtienen ventajas competitivas, ya que el país resulta más accesible para el visitante extranjero. En el extremo opuesto se ubican los importadores, ya que la mayor parte de las compras al exterior corresponden a insumos y bienes de capital, encareciendo los procesos productivos. También resienten el impacto las empresas con pasivos en dólares, el costo de la deuda gubernamental en el extranjero y los consumidores de mercancías importadas.
Hacia el futuro, las decisiones que adopten la Reserva Federal y el Banco de México continuarán marcando el ritmo del mercado cambiario, sin perder de vista los acontecimientos comerciales vinculados al T-MEC. La volatilidad persistirá, pero comprender la diferencia entre la velocidad del movimiento y el recorrido total seguirá siendo la mejor herramienta frente a la incertidumbre financiera.


