Alarma en Colombia por la destrucción masiva de puestos de trabajo y un desempleo en máximos

El mercado laboral colombiano ha encendido las alarmas tras reportar uno de los retrocesos más drásticos de los últimos años. Un análisis elaborado por el área de Investigaciones Económicas del Banco de Bogotá reveló que durante el octavo mes del año se constató una abrupta destrucción mensual de 686.000 puestos de trabajo, un fenómeno que no se veía con tanta intensidad desde la época de la pandemia.

Como consecuencia directa de esta contracción, el indicador general de desocupación ajustado por estacionalidad se elevó hasta el 9,7%, marcando así su registro más elevado en un periodo bienal. Este revés económico profundiza las señales de fatiga que ya venían manifestándose de manera moderada durante el séptimo mes del año.

Asimismo, la proporción de ciudadanos con ocupación frente al bloque demográfico en edad productiva experimentó un retroceso, pasando del 59% al 57,3% en el transcurso de un solo mes. No obstante, los expertos advierten que la gravedad de la coyuntura podría ser incluso mayor a la que arroja la estadística oficial.

El motivo detrás de esta discrepancia radica en que una porción significativa de los ciudadanos que se quedaron sin labor optaron por abandonar la búsqueda activa de un sustento, engrosando las filas de la población inactiva en lugar de registrarse formalmente como desempleados.

“Si la participación laboral se hubiera mantenido estable frente a julio, la tasa de desempleo habría ascendido hasta 11,0% y no a 9,7%”, señala el análisis de Investigaciones Económicas del Banco de Bogotá.

La industria manufacturera lidera la caída sectorial

Si bien los daños causados por un reciente evento telúrico afectaron la dinámica económica de varias zonas geográficas, el estudio enfatiza que existen problemas estructurales de fondo que trascienden la emergencia natural. Entre el periodo comprendido de agosto de 2025 al mismo mes de 2026, el sector fabril e industrial acumuló la mayor pérdida de plazas con un total de 240.000 empleos menos.

Otras áreas que sufrieron mermas significativas fueron el entretenimiento, que recortó 102.000 puestos, y el sector agropecuario, con una contracción de 91.000 ocupaciones. A menor escala también se redujeron los espacios laborales en los rubros inmobiliarios con 31.000 bajas, el sector financiero con 27.000 y el segmento de alojamiento y gastronomía con 17.000.

En la otra cara de la moneda, ramas como el comercio lograron incorporar 150.000 personas ocupadas, la construcción añadió 80.000 y los servicios sociales experimentaron un incremento de 96.000 trabajadores. Pese a estos repuntes aislados, la pérdida de fuerza en los pilares productivos tradicionales pone en evidencia la vulnerabilidad frente a costos operativos elevados y retos de competitividad.

Presiones cambiarias, costos y turismo a la baja

Uno de los detonantes señalados por la entidad financiera es la valorización de la moneda local, la cual ha restado margen de maniobra y competitividad al aparato industrial. De hecho, este sector avanzó apenas un 1% en lo que va del año, impulsado casi en su totalidad por subsectores de baja intensidad de mano de obra como la refinación de crudo y la producción de bebidas.

Por su parte, la industria sin chimeneas también refleja signos de agotamiento. Las mediciones oficiales indican que el arribo de visitantes internacionales experimentó una contracción del 7,7% al comparar los registros de abril a julio, pasando de 1,5 millones de turistas a 1,4 millones. Esto impacta de forma directa a los hoteles y restaurantes.

En el ámbito del entretenimiento, el encarecimiento de la oferta impulsado por las recientes modificaciones al salario mínimo ha deprimido la demanda de los consumidores. En paralelo, el campo enfrenta sobrecostos derivados de la carestía internacional de fertilizantes y de los estragos climáticos asociados al ciclo de El Niño.

“En conjunto, estos factores han terminado reflejándose en una menor capacidad de generación de empleo”, plantea el informe.

El factor regional y la transición a la inactividad

El comportamiento de las distintas ciudades confirma que la crisis laboral no se explica únicamente por el desastre natural. Aunque Pereira figuró entre las localidades con mayor destrucción de plazas al haber sufrido los embates del sismo, Santa Marta ocupó el segundo lugar de afectación a pesar de haber recibido daños mínimos en su infraestructura.

Las cifras globales de la economía nacional revelan que la cantidad de personas con un trabajo formal o informal disminuyó desde los 24,3 millones reportados en julio hasta los 23,6 millones contabilizados en agosto. Paralelamente, los ciudadanos desocupados treparon de 2,2 millones a 2,5 millones, mientras que los inactivos escalaron de 14,7 millones a 15,1 millones.

Perspectivas complejas para el corto y mediano plazo

De cara al futuro inmediato, el panorama del mercado de trabajo continúa amenazado por factores macroeconómicos como la contracción en la contratación estatal, los elevados tipos de interés, las exigencias del ajuste fiscal y la persistencia de anomalías climáticas.

Bajo este escenario, el centro de estudios económicos prevé que el indicador de desocupación promedio para las trece principales urbes del país se ubique en el 8,8% para el cierre del año, con un incremento proyectado hasta el 9,4% de cara al próximo ciclo anual.

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