El reto arancelario y la integración tecnológica en Norteamérica
El sector automotriz en territorio mexicano atraviesa un momento crucial para asegurar su protagonismo en la región norteamericana, debiendo superar dos frentes complejos: reducir la brecha impositiva frente a competidores europeos y asiáticos, y fortalecer su infraestructura operativa en la producción de semiconductores. La demanda de estos componentes registrará un incremento exponencial en los próximos años debido a la convergencia de la Inteligencia Artificial, la electrificación avanzada y la modernización digital de los vehículos modernos.
Actualmente, las terminales armadas en suelo nacional enfrentan una tarifa base del 25 por ciento al ingresar a territorio estadounidense, una cifra considerablemente mayor al 15 por ciento que se aplica a mercancías provenientes de la Unión Europea y Japón. No obstante, las expectativas del sector están depositadas en las negociaciones comerciales en curso para lograr condiciones más competitivas.
Durante la cuarta ronda de conversaciones del T-MEC, los directivos del ramo confían en concretar una disminución relevante. De conseguirse un arancel base del 15 por ciento para México y aplicarse los beneficios correspondientes por Valor de Contenido Regional, el gravamen efectivo que pagarían los exportadores nacionales podría descender de manera significativa hasta ubicarse en un rango de entre 4 y 5 por ciento.
“Lo que nosotros estamos esperando para esta cuarta ronda es una reducción sustancial de esta tarifa para nosotros”, afirmó Rogelio Garza Garza, presidente de la Asociación Mexicana de la Industria Automotriz (AMIA).
La transformación hacia la movilidad inteligente y el déficit de microchips
Paralelamente a las discusiones comerciales, la cadena de valor automotriz debe transformar sus procesos para absorber el consumo intensivo de microchips que caracterizará a la nueva generación de medios de transporte. Esta evolución tecnológica marcha de la mano con el despliegue de herramientas de inteligencia artificial aplicada al diseño y control vehicular.
Al respecto, Mario Almela, gerente de Ventas Regionales y Aplicaciones Automotrices de Texas Instruments, advirtió sobre la magnitud del cambio tecnológico que se avecina en el mercado global y regional.
“Los vehículos de nuevas plataformas requieren cada vez más componentes electrónicos y capacidades de procesamiento, es una tendencia que avanza paralelamente al crecimiento de la Inteligencia Artificial. Yo estimo que hacia 2030, vamos a tener un crecimiento de aproximadamente 259 por ciento en la demanda de chips automotrices”, señaló el especialista.
Para hacer frente a la presión competitiva de la manufactura asiática, las naciones integrantes del tratado comercial trilateral deben blindar sus cadenas de suministro y fomentar un ecosistema favorable para la atracción de capitales privados.
“Necesitamos un T-MEC fuerte para todos los miembros que lo integran”, puntualizó Garza al subrayar la importancia de la cooperación regional.
Estrategia nacional para el desarrollo de semiconductores
La evolución de la arquitectura vehicular está transitando desde esquemas centralizados hacia modelos distribuidos por zonas. Esta transformación exige que los componentes internos posean mayores niveles de velocidad, robustez y capacidad analítica, cualidades que dependen directamente de la integración de semiconductores avanzados.
“El auto está pasando de estar todo centralizado a estar distribuido en zonas. Y eso lleva a que estas zonas tienen que ser más rápidas, más inteligentes, o sea, más capaces y más robustas. Esto sólo se logra con más microchips”, puntualizó Mario Almela.
El directivo explicó que la ventana de oportunidad para México no se centra en la fabricación de nodos altamente complejos, sino en potenciar áreas de ejecución más rápida como el diseño, el empaquetamiento, el ensamble y las pruebas especializadas.
A pesar del potencial de crecimiento, el país experimenta limitaciones estructurales críticas, destacando el elevado consumo de energía eléctrica, agua y suministros químicos indispensables para la industria electrónica. Superar estas barreras requiere una sincronización absoluta entre la academia, el sector gubernamental y la iniciativa privada.
“No es que el Gobierno ponga el dinero o que una empresa tenga la intención de hacerlo o que una universidad tenga alumnos que están saliendo calificados para eso. Las tres cosas tienen que estar en el unísono”, declaró el representante de Texas Instruments.
Mientras la economía nacional atiende frentes normativos y comerciales urgentes, la industria global avanza a pasos agigantados en un mercado cuyo valor se proyecta en billones de dólares, impulsado por centros de datos y dispositivos de consumo masivo.
“Vamos muy atrasados y siendo muy optimistas, vamos a tardar entre 15 y 20 años en construir una cadena sólida que nos permita dejar de depender de China”, concluyó el ejecutivo.


