El pesimismo social supera al optimismo por primera vez en la era de Javier Milei en Argentina

El pesimismo social supera al optimismo por primera vez en la era de Javier Milei en Argentina

La confianza en que las políticas de ajuste macroeconómico aplicadas por la administración de Javier Milei generarían un impacto positivo inmediato en los sectores económicos más vulnerables ha sufrido un desgaste considerable en los últimos meses. Un análisis elaborado recientemente por la consultora Moiguer detectó una transformación profunda en la percepción ciudadana a partir del tercer trimestre de 2026, consolidando la idea generalizada de que la recuperación a nivel macro no se traduce de manera automática en un mayor bienestar para las personas.

Un punto de inflexión en el humor social argentino

Durante los dos años previos, la pérdida de poder adquisitivo y el complejo panorama cotidiano se sobrellevaban bajo la premisa de que los indicadores generales del país mejorarían y, eventualmente, ese crecimiento permearía en la economía doméstica. Sin embargo, el estudio detalla que durante el tercer trimestre se afianzó una nueva perspectiva resumida bajo el concepto: “Argentina mejora, yo no”. Esta frase grafica cómo la sociedad ha empezado a separar el rumbo financiero de la nación de su propia realidad financiera.

Como consecuencia directa de este fenómeno, los niveles de optimismo general han retornado a los registros observados durante el año 2023. Por primera vez desde el inicio del mandato presidencial actual, las proyecciones pesimistas alcanzaron un 41%, superando por tres puntos porcentuales a las opiniones optimistas, que se ubicaron en el 38%.

sectores clave lideran la caída en las expectativas

El informe aclara que este retroceso en la confianza no afecta a toda la población de la misma manera, sino que se concentra principalmente en aquellos grupos sociales que habían depositado mayor respaldo en el modelo gubernamental. El segmento de mayores ingresos, identificado como nivel socioeconómico alto o ABC1, experimentó un desplome de 24 puntos porcentuales en su optimismo. Por su parte, la población joven registró una baja de 17 puntos porcentuales, superando el promedio general de caída establecido en 14 puntos.

Para llegar a estas conclusiones, la investigación evaluó tres dimensiones fundamentales: las proyecciones a futuro, las dinámicas de consumo y la alteración en las referencias de valor económico, basándose en mediciones trimestrales que incluyeron 3.000 casos de personas entre 16 y 75 años en todo el territorio nacional, además de grupos focales virtuales.

El impacto en los ingresos y los gastos cotidianos

En el plano de las expectativas, la consultora subraya que el pesimismo se profundiza debido a la contracción sostenida del poder adquisitivo frente al incremento de los gastos fijos obligatorios. Desde enero de 2023, los salarios acumularon una merma real del 11%, mientras que la disponibilidad financiera de los hogares cayó un 17%. Adicionalmente, se calculó que entre diciembre de 2023 y julio de 2026, la proporción del salario destinada al pago de servicios públicos y transporte aumentó en 11 puntos porcentuales.

En cuanto al consumo masivo, los registros negativos acumulan casi un bienio de contracción. No obstante, el estudio identifica que cuatro de cada diez hogares adoptaron una estrategia compensatoria, recortando presupuestos en diversas áreas pero intentando preservar ciertos consumos recreativos, como indumentaria, tecnología, entretenimiento o viajes breves.

Nuevas formas de compra y distorsión de precios

Los hábitos de adquisición también se modificaron notablemente, impulsados por la búsqueda de alternativas más convenientes. Un claro ejemplo de esta transformación es el incremento del 641% en las importaciones bajo la modalidad puerta a puerta en comparación con el año 2024.

Finalmente, el reporte destaca una modificación sustancial en la percepción del costo de vida: mientras los productos y servicios cotidianos muestran fuertes incrementos, aquellos bienes dolarizados se perciben más accesibles. Como muestra de este desbalance, la investigación contrasta que mientras en 2022 un salario promedio permitía adquirir 156 kilogramos de carne, en la actualidad alcanza para unos 95 kilogramos. En contraste, ese mismo ingreso pasó de comprar poco más de tres pares de zapatillas de marcas líderes (3,4 unidades) a financiar más de diez pares (10,1 unidades) en el mercado actual.

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