Radiografía cambiaria de América Latina en agosto: qué monedas resistieron y cuáles sufrieron caídas

El comportamiento de las divisas latinoamericanas en un mes de altibajos globales

El mercado cambiario en América Latina experimentó un mes de contrastes marcados durante agosto, un periodo que comenzó con una tendencia bajista para la moneda estadounidense y concluyó con un repunte generalizado de la misma. Este cambio de rumbo en los mercados internacionales redefinió el posicionamiento de las principales divisas de la región, dividiendo los resultados en dos bloques muy diferenciados entre aquellos países que lograron mantener su fortaleza y aquellos que profundizaron sus retrocesos.

El índice global que mide el desempeño del dólar registró una contracción del 0,9% a lo largo del mes, acumulando su segundo descenso mensual consecutivo. Sin embargo, la reacción de los mercados latinoamericanos ante la presión externa no fue homogénea. Mientras naciones como México y Perú mostraron una notable resiliencia frente a la volatilidad, otras economías sufrieron correcciones importantes en la recta final del periodo analizado.

México y Paraguay encabezan las ganancias regionales

El peso mexicano se consolidó en la primera posición del ranking regional al registrar un avance del 2,03% frente a la divisa estadounidense. Este desempeño permitió que la moneda nacional se aproximara a sus mejores registros de los últimos dos años, impulsada por un entorno financiero internacional favorable y por sólidos fundamentos internos.

Para Janneth Quiroz, directora de Análisis Económico, Cambiario y Bursátil de Monex, “el comportamiento reciente del peso mexicano ha sido particularmente favorable y lo destacaría como una combinación de fundamentos domésticos relativamente sólidos, un entorno internacional favorable y factores financieros que han amplificado la apreciación”.

El atractivo de las estrategias basadas en el diferencial de tasas de interés, conocidas como carry trade, continuó jugando un rol fundamental. A pesar de los ajustes a la baja implementados por el banco central mexicano, la rentabilidad ofrecida y la alta liquidez del mercado continuaron atrayendo flujos de capital extranjero. No obstante, los especialistas advierten que este atractivo podría disminuir de manera gradual si la brecha de tasas con Estados Unidos continúa estrechándose.

En el segundo puesto se situó el guaraní paraguayo, que acumuló una apreciación mensual del 0,90%. Este comportamiento prolongó la tendencia positiva sostenida a lo largo del año, respaldada por un flujo constante de divisas proveniente de las exportaciones y de operaciones financieras. Pese a los beneficios macroeconómicos, esta fortaleza ha generado ciertos reparos en los sectores productivos locales debido al encarecimiento de los costos internos medidos en dólares.

El sol peruano completó el grupo puntero con un incremento del 0,84%. La moneda local encontró un sólido respaldo en la venta de dólares por parte de corporaciones locales —impulsadas por los precios internacionales de metales como el oro y el cobre—, así como en la intervención oportuna del Banco Central de Reserva del Perú para mitigar fluctuaciones bruscas.

El bloque intermedio y las presiones externas

En la mitad del espectro cambiario regional, las variaciones fueron considerablemente más moderadas. El colón costarricense avanzó un 0,18%, mientras que el peso uruguayo hizo lo propio con un incremento del 0,07%. Por su parte, el quetzal guatemalteco se mantuvo prácticamente sin cambios con una variación negativa marginal del 0,01%, y la lempira hondureña cedió un 0,10%.

En contraste, el peso chileno experimentó una retracción del 0,34%. La presión vendedora sobre la moneda chilena estuvo ligada principalmente a factores externos, tales como las expectativas de una política monetaria restrictiva en Estados Unidos y el encarecimiento de la energía a nivel global, un factor adverso para un país importador neto de petróleo. A pesar de estos elementos, el precio históricamente alto del cobre funcionó como un amortiguador clave para evitar una depreciación más profunda.

Brasil y Colombia sufren los mayores retrocesos

En el extremo opuesto del balance mensual, el real brasileño se posicionó como la moneda más debilitada de la región al registrar una caída del 2,17%. El retroceso estuvo vinculado a una creciente cautela de los inversionistas de cara a los comicios presidenciales, un escenario donde la incertidumbre fiscal genera dudas sobre la futura estabilidad de la deuda pública y la prima de riesgo del país sudamericano.

Muy cerca de ese rendimiento se ubicó el peso colombiano, que sufrió un descenso del 2,15%. Esta corrección abrupta interrumpió la tendencia alcista que la moneda había sostenido durante gran parte del año, acercándose previamente a máximos plurianuales. Factores técnicos locales, un aumento en la demanda corporativa de dólares y el agotamiento de las posiciones acumuladas tras meses de apreciación explicaron este repentino giro en el mercado cambiario colombiano.

El balance final de agosto dejó un panorama perfectamente dividido entre las doce principales monedas de América Latina, con seis divisas con ganancias y seis con pérdidas frente al dólar. Hacia adelante, la atención de los mercados se mantendrá enfocada en los próximos movimientos de la Reserva Federal estadounidense, la evolución de los precios de las materias primas y los diversos factores políticos y fiscales particulares de cada economía latinoamericana.

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