Hay preparaciones culinarias que se disfrutan con prisa, mientras que otras exigen una pausa para sostener el recipiente con ambas manos, acompañarlo con un trozo de pan y, de preferencia, un buen tamal al lado. El atole pertenece sin duda al segundo grupo: una bebida de textura espesa, reconfortante y con una rica trayectoria culinaria que desborda la olla tradicional.
Para los entusiastas de explorar la gastronomía nacional a sorbos, la Feria Nacional del Atole 2026 ha comenzado los preparativos para su próxima edición. Este festival promete alternativas que van mucho más allá del tradicional champurrado, consolidando una festividad que acumula casi tres décadas de historia ininterrumpida.
Cuándo se celebrará el festival gastronómico
Es momento de apartar la fecha en la agenda, ya que el evento se llevará a cabo del 9 al 11 de octubre de 2026. Cabe destacar que el acceso al público será totalmente gratuito durante todas las jornadas.
De acuerdo con la información difundida por el comité organizador, esta edición conmemorará 29 años de tradición. A lo largo de tres días, los asistentes tendrán la oportunidad de degustar una amplia variedad de recetas de atole y disfrutar de la gastronomía típica mexicana.
Dónde se ubica la sede del evento
Para quienes buscan salir de la rutina y transformar un fin de semana en un recorrido de sabores tradicionales, el punto de encuentro será el municipio de Coacalco.
Las actividades se desarrollarán en el Campo de Béisbol Canosas, situado en el Estado de México, específicamente sobre la Av. Canosas, entre las calles Clemátides y Hacienda de las Rosas.
Qué opciones y actividades ofrece la feria
En este espacio, la variedad de sabores se despliega por completo. La Feria Nacional del Atole 2026 agrupa alrededor de cien preparaciones distintas, que abarcan desde los sabores más tradicionales hasta innovadoras mezclas con frutas, semillas y diversos ingredientes autóctonos.
Aunque los costos oficiales para este año todavía no han sido anunciados, los precios de referencia registrados en la edición de 2025 se dividieron en tres presentaciones:
- Prueba a $5 pesos
- Vaso tradicional a $22 pesos
- Litro completo a $85 pesos
Los visitantes podrán emprender un recorrido culinario que inicia con las opciones básicas de maíz blanco, champurrado, fresa y vainilla. Asimismo, aquellos que prefieren notas frutales encontrarán alternativas de guayaba, zarzamora, mango, maracuyá e higo, además de combinaciones singulares como cajeta con nuez, cacahuate, galleta, flor de cempasúchil, mole y chile.
Dado que un buen atole suele disfrutarse en compañía, la feria dispondrá de alimentos ideales para maridar la bebida, tales como tamales, pan dulce artesanal, quesadillas y otros platillos típicos de la cocina mexicana.
Además de la oferta gastronómica, el programa del evento incluirá atracciones mecánicas, muestras culturales y presentaciones de música en vivo, cuyos artistas invitados se darán a conocer próximamente.
La historia y el legado del atole en México
Mucho antes de afianzarse como el acompañante ideal de los desayunos, las celebraciones y las reuniones familiares, esta bebida posee raíces históricas sumamente profundas.
Según la publicación especializada Larousse Cocina, el atole o atol se define como una bebida de origen prehispánico, caracterizada por ser caliente y densa, elaborada a partir de maíz cocido, molido y disuelto en agua. La variante fundamental recibe denominaciones como atole blanco, de maíz o de masa.
A partir de esta base es posible generar múltiples derivaciones con solo añadir un ingrediente adicional, dando origen a preparaciones de guayaba, piña o canela. Del mismo modo, el maíz no es el único elemento espesante, ya que en distintas zonas del país se emplean ingredientes como arroz, fécula de maíz, pinole, elote, avena o cebada.
Aunque predomina la versión dulce, el universo de esta preparación también contempla variantes agrias, saladas y picantes, destacando los tradicionales chileatoles que incorporan diversos chiles, vegetales y carnes.
Existen registros históricos de su consumo desde la época virreinal; la fuente señala que fray Bernardino de Sahagún documentó en 1565 la comercialización de estas preparaciones frías y calientes a base de masa de maíz tostado o molido, conocidas ancestralmente como atol o atolli.
Con el paso de los siglos, las recetas adoptaron matices distintivos según la geografía. En el Estado de México sobresaltan creaciones locales como el atole de arrayán y el de aguamiel, consolidando un vínculo estrecho con festividades religiosas y comunitarias como bautizos, primeras comuniones, rezos, velorios, fiestas patronales, mayordomías y posadas.
De este modo, detrás de cada jarrito se esconde una rica diversidad cultural que evoluciona de acuerdo con cada región, y que durante el mes de octubre tendrá un punto de encuentro imperdible en Coacalco.


