El renacimiento del mercado del oro y el temor fiscal en Estados Unidos
El interés de los operadores financieros por el oro ha experimentado un fuerte impulso recientemente, impulsado por la incertidumbre fiscal en territorio estadounidense, un dólar debilitado y una sólida reactivación en la demanda de inversión. Después de atravesar un periodo de marcada corrección desde los máximos alcanzados al comenzar el ejercicio, el lingote ha vuelto a capturar la atención de los mercados internacionales.
Durante la última jornada, la cotización del metal precioso alcanzó su marca más elevada en más de tres meses. La decisión del Tesoro norteamericano de intervenir activamente en el mercado de bonos revivió los recelos en torno a la estabilidad de las cuentas públicas y la posible pérdida de poder adquisitivo de la divisa, un argumento que ya había sustentado la apreciación del 65% observada en el oro a lo largo del año anterior.
El activo refugio registró un incremento intradía de hasta el 1,2%, rebasando la barrera de los US$4.650 la onza, su cota superior desde mediados de mayo. Este repunte consolida la tendencia positiva después de que el valor encontrara un suelo firme alrededor de los US$4.000 en el tramo final de julio, encadenando múltiples semanas consecutivas de ganancias con un rendimiento acumulado superior al 5% en los últimos periodos.
En el balance mensual, el metal acumula un ascenso cercano al 15%. Este comportamiento contrasta de manera notable con la volatilidad extrema vivida durante los conflictos geopolíticos en Oriente Medio, lapso en el que sufrió retrocesos significativos de hasta el 25%. Expertos en materias primas de ING, encabezados por Ewa Manthey, señalan que “la corrección del oro parece haber encontrado un piso”, destacando que el flujo de capital hacia los fondos cotizados y la fortaleza del metal ante tasas de interés elevadas configuran un escenario más sólido.
La estrategia de la deuda y la perspectiva de Wall Street
El detonante inmediato de esta dinámica se relaciona con la medida adoptada por el Departamento del Tesoro de Estados Unidos, dirigido por Scott Bessent, de incrementar sus operaciones de recompra de deuda soberana a largo plazo. Los montos máximos destinados a plazos de entre 10 y 30 años se elevaron desde los US$2.000 millones hasta un mínimo de US$4.000 millones, con la posibilidad latente de ampliar estas intervenciones.
A pesar de que la moderación inicial en los rendimientos de la deuda a largo plazo perdió tracción, el oro continuó su trayectoria ascendente. Analistas financieros interpretan este comportamiento como un síntoma de que el fenómeno no responde exclusivamente a los tipos de interés, sino a una creciente desconfianza sobre el endeudamiento estatal y los riesgos asociados a la depreciación monetaria.
Frente a este panorama, las principales bancas de inversión han actualizado sus proyecciones. El equipo de análisis de UBS, liderado por Mark Haefele, mantiene una visión optimista y afirma: “Esperamos que el oro suba hasta US$5.400 la onza durante los próximos 12 meses”. En la misma línea, instituciones como Citi sitúan su escenario base en los US$5.000 para el mediano plazo, contemplando objetivos de hasta US$6.000 en un contexto altamente favorable, mientras que Morgan Stanley proyecta superar los US$5.000 hacia el año 2027.
Flujos de inversión y bancos centrales como soporte estructural
La demanda institucional continúa consolidándose como uno de los pilares fundamentales para la cotización del metal. Los fondos cotizados respaldados por oro físico atrajeron US$3.000 millones adicionales y elevaron sus reservas en 23 toneladas durante julio, según estadísticas del World Gold Council. Esta tendencia se intensificó notablemente en agosto, cuando los vehículos de inversión monitoreados incorporaron más de 28 toneladas en una sola semana, marcando el mayor incremento mensual desde enero.
Paralelamente, las entidades monetarias internacionales mantienen una postura compradora activa. Las adquisiciones netas reportadas ascendieron a 51 toneladas en junio, elevando el saldo acumulado del primer semestre a 102 toneladas, con bancos centrales como los de Polonia y China encabezando las operaciones. Especialistas de Bloomberg Intelligence coinciden en que la tendencia global hacia la diversificación de reservas y la desdolarización actúa como un respaldo de carácter permanente.
Al respecto, los analistas Grant Sporre y Emmanuel Munjeri apuntan que “los impulsores del oro se han vuelto más favorables, poniendo a nuestro juicio al alcance una nueva prueba del nivel de US$5.000 la onza entre principios y mediados de 2027”.
Principales desafíos y factores de riesgo
A pesar del optimismo generalizado en los mercados, el escenario económico no está exento de obstáculos. La persistencia de presiones inflacionarias, especialmente impulsadas por el encarecimiento de los recursos energéticos, podría obligar a los bancos centrales a mantener una política monetaria restrictiva durante un periodo más prolongado.
Especialistas del sector advierten que un repunte inesperado en la inflación, combinado con rendimientos reales más atractivos en otros instrumentos financieros y un fortalecimiento sostenido del dólar, constituyen los principales riesgos para la continuidad del rally alcista. Los inversores mantienen ahora su atención en los próximos encuentros de política monetaria y foros económicos internacionales, donde se evaluará la reacción definitiva de la Reserva Federal ante los desafíos macroeconómicos actuales.


