El papel de la demoscopia en la estrategia política contemporánea
Recientemente, el partido gobernante en México dio a conocer sus postulaciones para renovar 17 gubernaturas en el país, un proceso interno cuya variable central fueron los estudios de opinión pública. Como era de esperarse, la decisión desató inconformidades entre los aspirantes que no resultaron favorecidos y desató diversos análisis en la esfera política, lo que abre el debate sobre la verdadera utilidad de las herramientas demoscópicas.
En términos generales, los sondeos cumplen funciones muy diversas según el ámbito donde se apliquen. Por un lado, las instituciones académicas y organismos especializados los emplean para generar conocimiento profundo sobre la cultura política y sus transformaciones sociales. Por otro lado, en el terreno partidista, se utilizan como instrumentos estratégicos indispensables para evaluar perfiles, probar mensajes de campaña, segmentar públicos y encontrar puntos de acuerdo en negociaciones complejas. Sin embargo, su faceta más conocida, aunque pocas veces admitida con franqueza, sigue siendo su uso propagandístico.
La trampa de la predicción y los errores metodológicos más comunes
Uno de los mayores riesgos al analizar estos instrumentos es caer en la tentación de convertirlos en herramientas de adivinación electoral. Una encuesta rigurosa representa una fotografía del presente tomada con un método más o menos preciso, pero jamás debe diseñarse bajo el mismo esquema si el objetivo es seleccionar una candidatura, diseñar una estrategia de comunicación gubernamental o evaluar el humor social.
A nivel mediático, uno de los errores más frecuentes en las redacciones es la publicación de promedios entre encuestas distintas. Esta práctica resulta estadísticamente deficiente debido a que mezcla metodologías con diseños muestrales, fechas de levantamiento y cuestionarios completamente diferentes. Del mismo modo, los estudios de seguimiento telefónico diario (conocidos como trackings) no deben leerse de manera aislada, sino compararse únicamente con sus propios antecedentes para detectar variaciones en las tendencias y los acontecimientos que las provocan.
Los desafíos técnicos y las fronteras de la inteligencia artificial
Existen retos estructurales que la técnica estadística todavía no logra resolver por completo. Como advirtió en su momento el sociólogo Pierre Bourdieu, la encuesta tradicional parte de premisas cuestionables al suponer que toda la ciudadanía tiene una postura formada, que todas las opiniones poseen el mismo peso y que existe un consenso absoluto sobre el sentido de la pregunta.
Bajo esta óptica, el porcentaje de personas que responden «no sabe» o «no contesta» no constituye un simple residuo numérico, sino el reflejo de sectores que optan por marginarse del intercambio público. En cuanto a las metodologías de levantamiento, el estándar de calidad cuantitativa continúa siendo la encuesta en vivienda con muestras representativas, pese a los elevados costos y las dificultades logísticas que implica.
Por el contrario, los sondeos telefónicos sacrifican precisión a cambio de velocidad, cargando con sesgos importantes derivados del rechazo de los ciudadanos. Las herramientas digitales, aunque estén diseñadas con rigor, suelen retratar exclusivamente a una comunidad conectada a internet y no al conjunto de la vecindad. Como última frontera tecnológica, ya comienzan a utilizarse los denominados «sujetos sintéticos» generados mediante inteligencia artificial, un recurso tan rápido como impersonal que carece de validación por parte de la Asociación Americana para la Investigación de la Opinión Pública.
El oficio demoscópico en México y los límites del método
En el panorama nacional, la industria cuenta con firmas y especialistas de trayectoria reconocida, tales como Francisco Abundis (Parametría), Lorena Becerra, Jorge Buendía (Buendía & Márquez), Roy Campos (Mitofsky), Heidi Osuna (Enkoll) y Gabriela de la Riva (De la Riva Group), entre otros referentes del sector.
Utilizar mediciones para dirimir candidaturas no es un ejercicio inédito. Como recordó recientemente Francisco Abundis en sus análisis, en el año 1988 figuras como Cuauhtémoc Cárdenas y Heberto Castillo definieron la candidatura presidencial de la izquierda mediante un ejercicio demoscópico elaborado por Ana Cristina Covarrubias. Asimismo, los datos de control externo demuestran que, en ocho de las diecisiete entidades evaluadas, mediciones independientes encargadas por los propios aspirantes coincidieron plenamente con los resultados ganadores.
Si bien los métodos basados en encuestas priorizan la visibilidad pública sobre la trayectoria política, también facilitan la cohesión interna de las organizaciones partidistas y permiten aplicar criterios correctivos externos, como la paridad de género. En su nivel más profundo, un estudio de opinión bien ejecutado debería ser capaz de identificar las auténticas tensiones sociales que mueven a la ciudadanía, anticipándose a los conflictos antes de que se manifiesten por completo en las calles.


