Paradójica realidad: gran parte del café que se consume en Colombia proviene del exterior
Pese a su reconocimiento internacional como una de las naciones con mayor tradición cafetera en el planeta, el mercado interno de Colombia revela una dinámica sorprendente. Durante los últimos doce meses, el territorio nacional adquirió 1,55 millones de sacos del grano desde el extranjero, una cifra muy cercana si se compara con el consumo total interno, calculado en aproximadamente 2,4 millones de sacos, de acuerdo con los registros oficiales de la Federación Nacional de Cafeteros (FNC).
Esta estadística arroja que cerca del 64% de las tazas que disfrutan los ciudadanos en el país se preparan con materia prima importada. Esta revelación fue difundida públicamente por Germán Bahamón, máximo representante de la mencionada organización gremial.
En los últimos doce meses Colombia importó 1,55 millones de sacos de café. Nuestro consumo interno es de aprox 2,4 millones.
El dato es nuestro. Lo publica @FedeCafeteros y no lo escondemos. Buena parte responde a una necesidad real en un año de menor disponibilidad, que obliga…
— German Bahamon Jaramillo (@GermanBahamon) September 8, 2026
El dirigente gremial aclaró que una fracción de dichas internaciones responde estrictamente a dinámicas logísticas y de abastecimiento ante temporadas con menor volumen de cosecha. Al respecto, declaró: “Buena parte responde a una necesidad real en un año de menor disponibilidad, que obliga a garantizar el abastecimiento de la industria, y eso es legítimo. Pero hay una parte que no es abastecimiento”.
La estructura económica y los costos de producción
Profundizando en los motivos detrás de este fenómeno, el directivo apuntó hacia lo que calificó como una estructura de costos y fijación de valores en el mercado. Si bien los precios internacionales se rigen por la bolsa mercantil norteamericana, la prima de origen y la tasa representativa del mercado, existe un factor crítico que dichos indicadores externos ignoran por completo.
“Un kilo de café colombiano tiene un piso de precio. Lo fijan la bolsa de Nueva York, la prima de nuestro origen y la TRM”, puntualizó Bahamón, quien inmediatamente advirtió sobre la variable ausente: “el costo de producirlo”. En este sentido, recordó las erogaciones cotidianas indispensables para la caficultura, tales como los pagos por jornales, los fertilizantes y las labores de recolección.
Para el líder de la agremiación, el margen financiero resultante de estas operaciones representa el sustento directo de los hogares dedicados al campo. “Ese margen tan justo, es el ingreso de una familia”, aseveró, subrayando además que el valor final reflejado en los anaqueles comerciales guarda una estrecha vinculación con la procedencia del grano.
“El café tostado, por debajo de cierto punto de precio en góndola, no puede ser colombiano. No es una opinión. Es aritmética”, argumentó, y concluyó que el costo exhibido al público no responde exclusivamente a una estrategia comercial, sino que constituye una clara definición de origen.
Una iniciativa para transparentar el origen del producto
Ante este escenario, la postura del gremio cafecito no busca vetar las transacciones internacionales ni entrar en disputas con las empresas procesadoras locales. “Aquí nadie está haciendo nada indebido. Importar es legal y hoy puede ser necesario. Respetamos el mercado libre y respetamos profundamente a la industria colombiana”, aseguró Bahamón.
La propuesta central consiste en modificar los estándares informativos para que los compradores posean absoluta claridad sobre lo que adquieren. “Hoy no existe una norma que obligue a declarar el origen del café en el empaque. Propongo que la construyamos”, indicó, sugiriendo que este dato geográfico goce de la misma visibilidad que las especificaciones de peso neto.
El objetivo es facilitar que cualquier ciudadano pueda verificar la procedencia sin requerir conocimientos técnicos. “Que en el empaque sea tan legible de dónde viene el café como cuántos gramos contiene”, manifestó, buscando que el consumidor identifique con facilidad si el producto es 100% de origen nacional.
Garantizar una elección verdaderamente consciente
El dirigente enfatizó que la iniciativa no apunta contra ningún competidor en particular, sino que busca establecer reglas transparentes para todo el sector comercial. Asimismo, reiteró la disposición del gremio para colaborar con el poder legislativo, el Gobierno y los empresarios en la formulación de esta normativa.
Asimismo, reconoció la resiliencia de la ciudadanía frente a las fluctuaciones económicas: “El año pasado el consumidor colombiano hizo algo extraordinario. Enfrentó los precios más altos en décadas y no renunció a su taza”. Por esta razón, considera indispensable respaldar al comprador con datos transparentes.
“Ese consumidor se ganó el derecho a saber qué está tomando”, afirmó, y añadió que si tras conocer la procedencia prefiere otra alternativa, se respetará su autonomía comercial. “Si lo sabe y aún así elige algo distinto a Colombia, es su libertad y la respetamos. Pero que sea una decisión informada, no un descuido del empaque”.
Finalmente, el vocero vinculó este debate con el bienestar de las más de 500.000 familias cuya subsistencia depende de esta actividad rural. La estrategia busca elevar el valor percibido de la categoría y potenciar la industrialización interna del grano cosechado localmente: “Queremos crecer el valor de la categoría de café, educar el paladar del consumidor e industrializar más café de las familias cafeteras de Colombia para transitar en la cadena de valor”.


