Mujeres desafían el código de vestimenta en Teherán cuatro años después de la muerte de Mahsa Amini

Una transformación inédita en el espacio público iraní

A cuatro años del fallecimiento de Mahsa Amini tras su arresto por una presunta infracción en la norma del velo islámico, las principales arterias de Teherán y otras urbes del país experimentan un panorama sin precedentes. La estricta vigilancia sobre la indumentaria femenina se ha distendido hasta niveles que no se recordaban desde el establecimiento de la República Islámica en 1979, generando al mismo tiempo una intensa controversia entre los sectores más rígidos y conservadores de la política persa.

En la actualidad, una proporción significativa de ciudadanas ha prescindido por completo del hiyab. Es común observar en los espacios públicos melenas decoloradas, rostros maquillados y atuendos propios de cualquier metrópoli occidental. Las prendas tradicionales destinadas a ocultar la silueta corporal han cedido terreno frente al uso cotidiano de mangas cortas y ropa de verano, desafiando abiertamente el canon tradicional.

El legado de la desobediencia civil

Este cambio drástico en las costumbres cotidianas hunde sus raíces en la ola de protestas de índole feminista desatada tras el deceso de Amini, la joven kurda de 22 años detenida por la llamada Policía de la moral. Aquellas movilizaciones, aglutinadas bajo el lema de “mujer, vida, libertad”, sacudieron los cimientos del sistema político antes de ser sofocadas por una severa intervención estatal que dejó un saldo trágico de 500 muertos y 22 mil detenidos.

Pese al repliegue de las protestas masivas, la disidencia se transformó en una persistente resistencia pasiva. Millones de ciudadanas continuaron circulando sin cubrir su cabello, desafiando medidas punitivas como la incautación de automóviles particulares. Hacia finales de 2024, la administración central reconoció la falta de aplicación sistemática de los castigos vinculados al velo, abriendo un resquicio de autonomía en la vestimenta que parecía innegociable.

“Creo que ahora hay mucha más libertad. Antes nunca había existido una situación así en la República Islámica”, declaró a EFE Leila, una ama de casa de Teherán de 38 años. Desde su perspectiva, el uso del velo se ha transformado en un acto discrecional, a pesar de que la normativa jurídica lo mantiene como una obligación formal.

En la misma línea se expresó Yasamin, una diseñadora gráfica de 45 años residente en la capital, quien afirmó: “No recuerdo que durante la República Islámica haya habido antes una libertad semejante en la forma de vestir”. La artista añadió que el episodio trágico de Amini constituyó un punto de inflexión donde el colectivo femenino interiorizó que no debía aceptar como norma lo que perciben como una imposición sobre sus decisiones personales.

Límites legales y presión conservadora

A pesar de la flexibilidad observable en las calles, el marco legal continúa restringiendo de manera severa los derechos de las mujeres. La legislación vigente estipula que aquellas que contraen matrimonio requieren el consentimiento explícito de sus esposos para tramitar un pasaporte, acceder a un empleo o continuar con sus estudios superiores.

Asimismo, los aparatos de justicia y seguridad continúan aplicando castigos ejemplares en contextos específicos. Recientemente, la cantante Parastoo Ahmadi fue sentenciada a 74 latigazos tras transmitir un concierto digital en el cual interpretó sus temas sin portar el velo reglamentario.

Esta permisividad fáctica en el espacio público ha desatado duras recriminaciones por parte de la jerarquía ultraconservadora. Ali Nikzad, vicepresidente del Parlamento, advirtió recientemente que la situación actual ha derivado en una generalización de la falta de recato que requiere una respuesta urgente. El legislador abogó por la implementación inmediata de una normativa aprobada en 2025 que endurecía drásticamente las sanciones por no llevar el hiyab, un texto que en su momento no llegó a ser promulgado por el presidente Masud Pezeshkian.

El factor geopolítico y la incertidumbre futura

La actual indulgencia oficial frente al código de indumentaria también responde a coyunturas estratégicas. Las tensiones bélicas con potencias como Estados Unidos e Israel han obligado al liderazgo iraní a priorizar la contención del descontento interno frente a las amenazas externas, un repliegue táctico reconocido de manera indirecta por figuras del régimen.

“Actualmente, debido a las condiciones de la guerra, por el momento no podemos hacer frente a esta cuestión como deberíamos”, admitió Golam Ali Hadad Adel, integrante del Consejo de Discernimiento del Sistema, el órgano encargado de mediar entre las distintas instituciones estatales.

Si bien persiste el temor entre las mujeres de que el aparato estatal intente reimponer la obligatoriedad del velo una vez concluidos los conflictos bélicos, muchas consideran que el retroceso social es ya inviable. “Volver a llevar a la sociedad a la situación anterior a Mahsa se ha vuelto muy difícil”, sentenció Leila. “Ahora muchas mujeres ya no están dispuestas a renunciar a sus derechos”.

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