Los primeros pasos en la música
Desde su infancia, Joanna Pirod experimentó una profunda sensación de inadaptación con su entorno, encontrando en los sonidos el único refugio donde nada más importaba. Su padre, ejecutivo en la industria farmacéutica y un apasionado frustrado de la locución, solía viajar con frecuencia a Brasil y regresaba con discos. Mientras él prestaba atención al equipo de reproducción, ella se concentraba estrictamente en el contenido acústico, pasando horas sola en su habitación.
A los ocho años dio inicio a una colección personal que se expandió rápidamente durante sus visitas a las tiendas de discos en compañía de su padre. Con total libertad para elegir, se dejaba guiar únicamente por el diseño de las portadas. Fue así como descubrió de manera intuitiva el primer álbum de The Doors y posteriormente el disco Ride the Lightning de Metallica, un hallazgo que la condujo de forma natural hacia agrupaciones como Led Zeppelin y Black Sabbath.
Del entorno corporativo a los medios de comunicación
Aunque su padre le advirtió sobre la dificultad de subsistir económicamente a través del arte, y tras un breve paso por Ciencias Políticas y la carrera de Relaciones Internacionales, Pirod se abrió camino en el ámbito profesional organizando eventos corporativos. Pronto, los locutores comenzaron a buscarla debido a su amplio criterio musical, consolidándola como la persona idónea para acompañar las notas informativas del día con la selección adecuada.
En 2008, sacudida por una crisis laboral y personal que implicó la cancelación de su boda, decidió reorientar su trayectoria por completo. Regresó a su empleo anterior solicitando exclusivamente dedicarse a la recomendación musical, un cambio que redujo sus ingresos a la tercera parte pero incrementó notablemente su bienestar personal.
De la radio tradicional a la creación empresarial
Su talento la llevó a conducir un programa propio que, tras llamarse de diversas formas, adoptó el título de Insolente, un espacio donde predominaban el rock, el punk y el metal. Durante 13 años, el proyecto funcionó como una clase magistral de cultura sonora. Sin embargo, los cambios en la industria hacia esquemas comerciales y controlados por algoritmos y grandes discográficas la obligaron a replantear su futuro laboral.
Lejos de abandonar su vocación, colaboró en la promoción de festivales y en la producción de podcasts, destacando una entrevista con el fotógrafo Enrique Metinides. Con el tiempo, tras realizar curadurías informales para conocidos y su paso por la radio comercial, decidió comercializar formalmente lo que había hecho durante décadas. La oportunidad definitiva llegó al intervenir el concepto sonoro del restaurante Feral, donde sustituyó el sonido convencional por una propuesta hecha a la medida de la arquitectura y el público del lugar.
Este hito marcó el surgimiento de Music Wiz, su empresa especializada en supervisión y curaduría musical para espacios comerciales, proyectos audiovisuales y marcas. Para Pirod, la atmósfera sonora de un sitio posee la misma relevancia que la gastronomía. “La música de un lugar es tan importante como la comida”, afirma.
Su visión empresarial abarca desde supermercados hasta producciones cinematográficas como películas y series, manteniendo firme una premisa fundamental sobre la identidad humana: “Yo te mando una playlist de mis favoritas y vas a entender muy bien cómo soy, sin que nos conozcamos. Tú me mandas la tuya y a través de ella, te conozco a ti”.


