Un nuevo escenario geopolítico para América del Norte
Han transcurrido ocho meses desde que el primer ministro canadiense lanzó un llamado urgente en Davos para que las democracias globales se unieran frente a la presión diplomática y económica procedente de Washington. Esta advertencia resulta hoy crucial tanto para Canadá, inmersa en una diversificación estructural y en la renegociación de sus vínculos con Estados Unidos, como para México, que afronta un complejo proceso bilateral marcado por las tensiones arancelarias y la revisión anual del tratado comercial regional.
El panorama internacional ha salido de una etapa de prolongada pasividad para adentrarse en una realidad donde la geopolítica carece de contrapesos tradicionales. En este contexto, las potencias medias disponen de oportunidades inéditas para influir en el reordenamiento global. Si bien México carece del margen de maniobra que posee Canadá en términos de poder estructural, cuenta con una ventaja fundamental: es el socio indispensable sin el cual la seguridad territorial estadounidense resulta inviable.
La limitación de la estrategia actual
Hasta el momento, la administración de la presidenta Claudia Sheinbaum ha apostado por un esquema basado en ofrecer concesiones tácticas en materia de migración y seguridad a cambio de estabilidad arancelaria y la preservación del acuerdo comercial. Aunque esta táctica ha servido para ganar tiempo frente a decisiones drásticas de la Casa Blanca, los expertos señalan que la política de evitar la confrontación podría volverse insuficiente ante los retos venideros. Por esta razón, el Estado mexicano y el sector privado necesitan articular una respuesta estructurada en dos vertientes paralelas.
Modificando el lenguaje y el marco conceptual
Durante más de tres décadas, la relación bilateral se condujo bajo un vocabulario estrictamente comercial centrado en aranceles, reglas de origen, cadenas de valor y eficiencia económica. Sin embargo, ese enfoque técnico ya no genera el mismo impacto en los círculos de poder en Washington.
Para lograr resultados favorables, México debe adoptar un nuevo léxico. Las demandas sobre metales como el acero y el aluminio ya no deben plantearse como simples disputas comerciales, sino como la defensa de una base industrial indispensable para la infraestructura crítica y la defensa regional. Del mismo modo, las normativas automotrices deben presentarse como un mecanismo conjunto de blindaje frente a la creciente influencia económica de China.
Asimismo, el control en la triangulación de insumos y la gestión de cadenas de suministro por perfiles de riesgo —que abarcan desde tecnologías de doble uso hasta bienes esenciales como alimentos y medicamentos— deben enmarcarse dentro del paradigma integral de la seguridad norteamericana. La prosperidad compartida únicamente se mantendrá vigente en Washington si se fundamenta en una estrategia conjunta de defensa y resiliencia regional.
Identificación de puntos de estrangulamiento y disuasión
En paralelo al cambio de discurso, el gobierno federal debe realizar un análisis exhaustivo de los puntos de estrangulamiento estratégico disponibles en la relación bilateral. En el contexto económico actual, donde la interdependencia se utiliza frecuentemente como instrumento de presión, conocer las vulnerabilidades mutuas es tan vital como controlar los recursos energéticos, financieros o tecnológicos.
Disponer de esta información no implica activar medidas de confrontación de forma inmediata, sino contar con la capacidad de disuasión fundamentada en la credibilidad operativa. La experiencia de Canadá demuestra la necesidad imperiosa de anticiparse a los escenarios de ruptura antes de que las circunstancias obliguen a enfrentarlos sin la debida preparación.


