Grupo bimbo expande la agricultura regenerativa en medio millón de hectáreas con la meta de abastecerse íntegramente bajo este sistema

El desafío ambiental detrás de la cadena de suministro

La elaboración del pan cotidiano que consumen millones de familias tiene un punto de partida mucho más distante de los hornos industriales: los campos de trigo, avena y maíz. Estos terrenos agrícolas enfrentan hoy en día graves complicaciones como la erosión, la merma constante de nutrientes y las alteraciones derivadas de eventos climáticos cada vez más agresivos. Ante este panorama complejo, corporativos del sector alimentario han comenzado a replantear sus métodos de abastecimiento.

En este contexto, la compañía panificadora mexicana Grupo Bimbo dio a conocer los avances de sus iniciativas orientadas a la sostenibilidad agraria. De acuerdo con información institucional difundida por la empresa, al cierre de 2025 se rebasaron las 500,000 hectáreas cultivadas bajo esquemas de agricultura regenerativa. Dicha cifra representa un incremento significativo del 73% en comparación con las 290,000 hectáreas registradas durante el ejercicio anterior.

Este despliegue territorial responde a una directriz corporativa de gran envergadura a largo plazo: conseguir que, para 2050, el 100% de los ingredientes clave utilizados por Bimbo provenga estrictamente de tierras gestionadas mediante este modelo de producción sustentable.

Los criterios detrás de la regeneración agrícola

Definir el concepto de agricultura regenerativa no resulta una tarea uniforme dentro de la comunidad científica ni en el ámbito normativo. Una revisión exhaustiva publicada en la literatura especializada analizó decenas de fuentes académicas y concluyó que no existe una definición legal, regulatoria o universalmente aceptada del concepto.

Mientras que algunos enfoques priorizan la adopción de procesos específicos —tales como la disminución de la labranza mecánica, la incorporación de cultivos de cobertura o la integración del ganado—, otros se centran en los resultados medioambientales obtenidos, enfocándose en la recuperación de la salud biológica del suelo, el secuestro de carbono y la preservación de la flora y fauna local. Por su parte, la multinacional mexicana ha estructurado su estrategia sobre tres ejes fundamentales: mejorar la salud del suelo, incrementar la biodiversidad y proteger los ecosistemas, sumando además el respaldo directo a las comunidades de agricultores.

El reporte corporativo más reciente de la firma especifica que cada esquema local debe integrar al menos dos prácticas regenerativas, medir seis indicadores de desempeño y avanzar en la adopción de su marco global. Entre las metodologías promovidas se encuentran la rotación planificada de cultivos, las técnicas de siembra directa, el uso de fertilizantes con menor impacto ambiental, sistemas de riego tecnificado y la aplicación de estabilizadores de nitrógeno.

Adaptación local y retos agronómicos

Los especialistas en agronomía advierten que la implementación de estas técnicas no genera efectos idénticos en todas las regiones del planeta. Diversos estudios señalan que retener residuos agrícolas, establecer cultivos de cobertura o reducir la labranza pueden producir beneficios, aunque el éxito operativo depende estrictamente del contexto geográfico y climático.

Asimismo, los expertos advierten que medidas como eliminar completamente la labranza, los pesticidas o los nutrientes externos difícilmente ofrecerán los mismos resultados en cada ecosistema. Una intervención que favorezca una propiedad específica del terreno podría, en contraparte, generar consecuencias adversas en otra función ecológica. Por esta razón, la viabilidad económica y social de cada iniciativa debe calibrarse minuciosamente según las particularidades de cada región.

Para sortear estos retos técnicos, la corporación colabora estrechamente con universidades, molinos especializados e instituciones científicas internacionales como el CIMMYT con el fin de tropicalizar sus programas. Como resultado de esta vinculación, la empresa y sus aliados han capacitado a más de 570 productoras y productores en diversas latitudes.

Los casos de éxito ya se replican en distintas partes del mundo. En Canadá, un productor implementa esquemas de cero labranza combinados con análisis periódicos del terreno y sistemas meteorológicos para optimizar la fertilización. En territorio estadounidense, específicamente en Indiana, se han introducido rotaciones de grano con coberturas vegetales orientadas a frenar la pérdida de suelo fértil. Asimismo, durante el último año se estructuraron nuevos proyectos operativos en Brasil y se puso en marcha el primer esquema de la compañía en el Reino Unido.

La urgencia de frenar el deterioro en México

La expansión de estos modelos de cultivo cobra especial relevancia frente a las estadísticas nacionales sobre el deterioro ambiental. Cifras oficiales indican que 56.7% del territorio de México presenta algún grado de degradación del suelo, una problemática que pone en riesgo tanto la seguridad alimentaria como la disponibilidad hídrica y la estabilidad económica de las comunidades rurales.

A escala internacional, el panorama resulta igualmente preocupante. Tomando como referencia estimaciones de organismos internacionales, la compañía advierte que más de la mitad de los suelos agrícolas del planeta registra algún nivel de degradación y que dicha proporción podría elevarse hasta alcanzar el 90% a mediados de siglo en caso de mantenerse los patrones actuales de explotación intensiva.

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